Galán no se priva de nada
por Aldo Galli.
Diario La Nación 25/10/97.
http://www.lanacion.com.ar/suples/arte/971025/art-139.htm

El mexicano Julio Galán es polémico, pero no es un pintor más. Lo primero que se advierte es que se da todos los gustos, como puede observarse en Splendido. Allí representa a un hombre desnudo, de espaldas, orinando enérgicamente en un copón dorado; tiene un tul blanco o algo así en la cabeza y unas plumas negras que le salen del trasero y que también salen del cuadro. Una pieza provocadora, sin duda, que solita bastaría para llamar la atención, no sólo por el tema; la gasa y las plumas son aplicaciones que perturban la imagen al modo kitsch más ostentoso. De gusto menos discutible resultan Tenme Tiziana o Low Fat Cherries, de 1997, aunque también abundan en collages y assemblages que asocian libremente elementos y pensamientos diversos.

Lo general y lo particular, lo que le pertenece a México y lo que le pertenece a él, están en sus telas, donde también se desnuda el campo de la psicología más personal. Eso, sumado a una modalidad contradictoria, a la audacia de las propuestas y sin duda también a un poder comunicativo y una capacidad para sugerir nada corrientes le valió un reconocimiento artístico tan discutible como verdadero, sobre todo en su país y en los Estados Unidos. No es poco para alguien de 38 años.

Galán es de un desenfado poco común. Adriana Rosenberg, responsable de la muestra, lo comparó con Almodóvar. Y no se equivocó; tienen en común cierta irreverencia que toca picarescamente y sin vueltas la diversión y el desahogo de un modo más realista que surrealista. Pero no es eso lo que más importa, sino lo que liberan, en una gama que va del drama a la risa.

Si es posible afirmar que el arte identifica, ahí está lo mejor y lo peor de Galán. Su desenvoltura le permite decir lo que siente como quiere y desatar las fibras interiores que afirman el tenor continental de su lenguaje. Difícilmente alguien podría confundir sus trabajos con los de un artista europeo.

La muestra abre un arco retrospectivo que recorre apuradamente desde 1983 hasta 1997. En la Fundación Proa (Pedro de Mendoza 1929).

La intimidad convertida en espectáculo
por Ana María Battistozzi.
Diario Clarín 4/10/97.
http://www.clarin.com.ar/diario/97-10-04/e-07301d.htm

El chico juega al béisbol entre las obras de arte, de un pelotazo deja sin brazos a la Venus de Milo, espía escondido en los rincones, juega a Superman, a que toma veneno y orina en un jarrón. El chico, que no es tan chico, y también se muere de amor y deseo, es el pintor Julio Galán (38), niño terrible del arte mexicano de la última década. Sus pinturas, que se pueden ver en la Fundación Proa, de la Boca (Pedro de Mendoza 1929), son una desenfadada exhibición de sí mismo.

Realizadas con un técnica impecable, hacen gala de un mexicanismo kitsch que ha sido la fuente de su extendida seducción. Se lo ha vinculado insistentemente con Frida Kahlo, asociación reduccionista que no parece entusiasmarlo demasiado. Pero lo cierto es que ambos tienen puntos en común: utilizan la pintura para mostrar su intimidad y se apropian de la estética popular mexicana con sus escenas próximas a lo surreal. Sólo que a diferencia de Kahlo, que insiste en transmitir el dolor de una vida marcada por las torturas físicas, el mundo de Galán no es angustia, sino goce y espectáculo narcisista.

Melodrama pictórico
Laberintos, personajes ocultos y travestismos varios organizan su cacería del yo desdoblado en múltiples figuras. Lo suyo parece acuñar un género nuevo: el del melodrama pictórico, reforzado por imágenes, textos, lágrimas de perla y labios de rubí. "Quiero lanzar una mirada de amor para tenerte entre mis brazos y que mi corazón arda para que arda el tuyo", escribe como grafitti sobre una escena en la que se pinta vestido de charro. El artista toma en sorna "la esencia de la mexicanidad" desde su propia ambigüedad sexual; y el coleccionismo de su país lo premia entronizándolo en el Olimpo de los elegidos. A los 21 años empezó a exponer en una de las galerías más prestigiosas del poderoso estado de Monterrey, de allí pasó al Soho neoyorquino y a Europa.

Modelo 80
Se diría que Galán es el modelo de artista que triunfó en los 80, un momento de gran incidencia del mercado en la producción artística, de eufórica promoción de la juventud y de corrección política que llevó -en el Hemisferio Norte- a festejar todo lo que tuviera que ver con minorías étnicas, políticas o sexuales.

Su mundo corrosivamente autorreferencial encaja perfectamente en esa espectacularización de lo privado que adquirió una vigencia sin precedentes en aquellos años. Con todo, su pintura insiste en una travesía por la cornisa, expresada sobre todo con el uso del collage, que le permite reunir de manera inquietante fragmentos de la realidad: naturalezas muertas, imágenes sagradas, sexo y mucho yo. En este juego en el límite, acaso lo más interesante de este mexicano marcado por la cultura latina es la inminencia del castigo que planea como una sombra en sus trabajos.

La lección del sí y el no
por Sergio Pitol.
Catálogo, Retrospectiva, Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey. Museo de Arte Moderno. México, 1994.

"El mundo de Galán alcanza su mayor pulsión al enfrentar en cada obra una, y en ocasiones varias, oposiciones de elementos. Su pintura se apoya en movimientos interiores contradictorios que se combaten para alcanzar una entidad total. Sobre ella oscila un péndulo que viaja del impulso animal de volver al seno materno (el jardín y los juegos de la infancia) a la voluntad de romper el cordón umbilical y enfrentar todo riesgo. Ese movimiento pendular que ignora la fatiga se produce sobre un espacio donde no queda un sólo centímetro que no esté impregnado de las distintas cargas emocionales, religiosas, existenciales del autor. Desde los cuadros que recrean los sueños de la infancia hasta los que recogen los encarnizados juegos del presente, su mundo se sostiene y se afirma en una sensualidad que se muestra de manera directa o bien se guarda tras elaboradas metáforas, y donde la ironía se encarga a menudo de mantener las emociones a su debida distancia. En ese recorrido otra lucha de opuestos se desliza como trama paralela, la que enfrenta lo sagrado con lo profano".

Narciso torturado
por Nelly Perazzo.
Crítica de arte. Miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes. (Revista Cultura Nº60).

 "Julio Galán es un Narciso que se busca desesperadamente y pretende superar la referencia mítica al fracaso de la fijación sobre la imagen de sí mismo". "En Galán se da toda la secuencia de los padecimientos y los misterios de Narciso en sus diferentes versiones históricas: la presencia del agua y su reflejo, y de las lágrimas -reiteradas en la obra del artista; el descubrimiento de la pluralidad del mundo, y de su carácter aparente y engañoso; del muro que de él nos separa; el amor como espejo y como enigma; la disolución de la figura en lo ilimitado, en el cielo estrellado". "Galán, Narciso torturado o extático, lloroso o caricaturesco...ha encontrado en la pintura su camino de revelación".

 

El fruto amargo de Julio Galán
por Eleanor Heartney.
Catálogo, Retrospectiva, Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey. Museo de Arte Moderno. México, 1994.

"El universo inventado por Galán está poblado de multiplicidad de imágenes espectaculares, alter egos, doppelgängers que en último término se pueden reducir al propio artista. El resultado es un mundo singularmente autocontenido donde la imaginación se alimenta de sí misma". "...En lugar el surrealismo o del realismo mágico, el parentesco próximo de Galán parecería establecerse con el simbolismo, ese movimiento literario y artístico de principios de siglo XX que se consagró a la retirada del artista hacia su mundo personal de espiritualidad mística". "El fruto amargo de Julio Galán es el reconocimiento de nuestro aislamiento esencial respecto de los objetos de nuestro deseo, cualesquiera que sean. El aparente narcisismo de su obra, con sus interminables autorretratos y autorepresentaciones, es de hecho expresión de la naturaleza quimérica de todos los vínculos humanos. Todos estamos perdidos en el laberinto, luchando con anhelo y temor por lograr un atisbo del mundo inaccesible que está más allá".

Sus cuadros me cuentan cosas
por Juan A. Vergez .
Coleccionista argentino.

 Llegué a la obra de Julio Galán cuando, después de muchos años de coleccionar arte del Río de la Plata, me asomé al de Latinoamérica. Mi investigación me llevó por el arte contemporáneo de México. Conocí la retrospectiva de Galán del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey. No tuve más remedio que fascinarme con su pintura. Ahora tengo cerca a "Low fat cherries", 1997, (expuesta ahora en Proa), una pieza absolutamente desinhibida, repleta de las vivencias del artista, de sus angustias y placeres. Vi por primera vez el cuadro en la muestra organizada por Ramis Barquet en la Robert Miller Gallery de Nueva York. Tiene una historia graciosa, fue vendido inadvertidamente dos veces: una vez a mí y la otra, a un coleccionista brasileño. La confusión, suscitada por la participación conjunta de dos galerías, se aclaró rápidamente y la pieza está conmigo en Buenos Aires junto a "Voyage to Italy", escenas que arma con elementos encontrados, queridos, uno de sus objetos también exhibido en Proa.

Tan mexicano, tan universal
por Patricio Loizaga.
Filósofo, escritor y crítico.

 Me dicen que a Julio Galán no le gusta que lo asocien a Frida Kahlo. Desde luego hay un riesgo de reduccionismo en este tipo de comparaciones y está la sospecha de cierta procedencia basada en una identificación que le restaría autonomía al discurso del artista tributario de otro artista. No es el caso de Galán. Por lo menos lo que yo identifico tiene que ver con su procedencia mexicana y dentro de esa procedencia con la afirmación de la autonomía discursiva que estos dos artistas acreditan de una manera muy significativa, destacada, evidente, en la historia de la plástica mexicana de este siglo. Hay en el muralismo y en el monumentalismo mexicano un discurso de tendencia totalitaria, por lo menos de voluntad totalizadora y totalizante, impregnado de dramatismo, de protagonismo social, de unilateralidad asertiva, afirmativa. Por oposición, el discurso de Kahlo y de Galán se instala desde el protagonismo individual (autoreferencial en ambos casos), desdramatizante, mestizante. Gay, narcisístico, anticlerical, kitsch, Julio Galán, como Frida, pinta desde las entrañas y produce una lectura de fuerte impacto: este año "As Raúl", expuesta en Robert Miller, me dejó sin aliento. Expresa como pocos artistas latinoamericanos la tensión y la conflictividad entre particularismo y cosmopolitismo. No es casual que viva entre Nueva York y Monterrey y su pintura sea tan mexicana, en un sentimiento de amor-odio frente a esa cultura que tantas veces nos ha resultado asfixiante, esa cultura que Galán impugna pero también ama como pocos. Por eso es tan mexicano y tan universal. Hoy por hoy el más mexicano y a la vez el más universal de los artistas de ese país.

¿Quieres que te lo cuente otra vez?
por Carlos Monsiváis.
Catálogo de Oro Poderoso, Galería Ramis Barquet-Robert Miller, Nueva York, 1997.

 "Pintura engañosa y subversiva, que causa adicción, que repite sus temas y los transforma hasta volverlos irreconocibles, la de Galán mezcla, con gracia y sabiduría, los mitos y las referencias nacionales, el teatro y la sinceridad, el transformismo y la transparencia. No en balde Sergio Pitol, en un ensayo sobre Galán lo sintetiza con elocuencia: Todo en él es plácido y terrible a la vez". "Todo en Galán es paradisíaco, porque todo, en el instante siguiente puede revelar sus complicidades demoníacas. La pintura insinúa, deja entrever, facilita el acceso a las imágenes que no nos abandonarán porque nunca nos dimos cuenta exacta del momento que se instalaron dentro de nosotros". "Me refiero a la voluntad de convertir a cada cuadro en un edén listo para que lo habiten las imágenes de la soledad (esa virtud inmarcesible de recuerdo orgiástico), y de las pesadillas suavizadas por la forma. No pueblan estos cuadros sueños, sino visiones con los ojos abiertos...".

Julio Galán
por Josefina Ayerza .
Directora de "Lacanian Ink", N.Y.

 La realidad de Galán se confunde con la fantasía de Galán y a veces se parecen tanto que no se distinguen más. La anécdota que relato es del invierno 1994, en Nueva York. El artista venía de tener una muestra en la Galería Aninna Nosei. Algunos de mis amigos insistían en conocerlo. Entre ellos, los críticos Catherine Liu y Adrian Dannatt y el lacaniano Stuart Schneiderman. Yo les decía miren que Galán no es fácil. Hasta la propia Aninna Nosei quería venir, a pesar que el día de la inauguración Galán había circulado en medio de los asistentes con una víbora de terciopelo alredor de su cuello a la cual identificaba con Aninna. Como siempre la puntualidad es un problema en estas ocasiones. Después de varias vueltas, quedó en pasarme a buscar. Eran las 8hs. pm y Galán no aparecía. Llamé a Galan. Ya voy, creo que dijo él. Le contesté que mejor era encontrarnos en "Indochine", el restaurant en el que había citado a los otros. Llegué tardísimo y dí las explicaciones del caso. Nos comimos todo el pan. Julio no llegaba. LLamé a Galán desde el restaurant. Me contestó que no quería venir. Me indigné, le dije que no lo iba a saludar más. "Está bien, si me lo pedís así voy", retrucó. Pasó un rato largo. Hasta que lo vemos aparecer vestido con algo parecido a un piyama y un saco. Ocupó el asiento al lado de Schneiderman, el invitado de honor. Este le hablaba de su obra y de cuanto le gustaba... y ¿qué hacía Galán? Mientras S.S. hablaba, él se pintaba los labios con un rouge transparente que se usa para que los labios no se paspen con el frío. Peor aún, nunca dejó de pintarse los labios mientras estuvo con nosotros, hasta que se levantó y sin despedirse salió y desapareció. La comida había terminado, nos despedíamos. Está muy angustiado, explicaba S.S. mientras nos hacía pensar que el artista no lo había trastornado, ni lo había frustrado él comprendía. Aninna en cambio ya tenía suficiente de Galán y sus imprevistos; pero el demonio se había retirado a tiempo y quién la iba a ligar sino S.S. que esperaba al lado del coche de Aninna para ser llevado a su domicilio. Para qué ella me hizo subir al asiento delantero y antes que S.S. atinara a moverse, el auto había arrancado. ¿S.S., comprendería?