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El huracán Andres
por Guillermo Piro.
Radar, Suplemento del diario Página/12, Febrero
1997.
Estamos atravesando una auténtica "edad de oro" de
la fotografía, con realizaciones de una intensidad
difícilmente equiparable en toda su historia. Hay que
hacer una lectura política del trabajo de Serrano
porque en el fondo aquello que no se quiere ver y que
él se empeña en mostrar no es otra cosa que el
sueño americano: el moralismo, el desprecio por lo
que es diferente.
Al final, quizás, se trata simplemente de un intento
del fotógrafo por hacernos ver cómo somos en
realidad, atraídos y al mismo tiempo repelidos por el
sexo, fascinados por lo diferente pero al mismo tiempo
incapaces de aceptarlo. Para poder "ver" sus
fotografías hace falta ejercitarse. Incapaces de
comportarnos de manera diferente entonces, aturdidos,
atraídos y repelidos por estas imágenes, nos
entregamos sin resistencia a una visión de la vida
total, brutal: literalmente una visión del interior
de la vida muy difícil de olvidar. Es posible
rechazarlas, pero es verdaderamente difícil pasar
delante de esos ventanales abiertos a la humanidad mirando
para otro lado.
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Andres Serrano
por Josefina Ayerza.
Directora de "Lacanian Ink", Nueva York.
Andres Serrano dice que sumergió la imagen del
crucifijo en pis, persuadido que iba a resultar un color
amarillo muy lindo. La orina simboliza el deshecho, agrega,
pero también una función necesaria.
Quizá la orina haya humanizado al Cristo, en lugar de
perpetuarlo en una identidad inalcanzable... Si Serrano
quiere humanizar el Cristo no lo podemos saber. A lo mejor
hace al imponderable en lo que respecta a su sentido
estético y a la mirada oblicua capaz de concertar
cualidades únicas respecto del color, que se sublima
en los fluidos corporales y en la variedad de los tonos de
su combinación: orina, sangre, esperma; sangre y
orina, sangre y esperma... porque esa cualidad, dice, se
enseña a no mirar. En este mismo orden de cosas
estaría la gente poco predispuesta a detenerse en los
temas que el artista elige fotografiar: "homeless", miembros
del Ku Klux Klan, víctimas en la morgue. Serrano
quizo que las fotografías de los "homeless" pusieran
nombre a las caras que ilustra el no mirar.
Las obras del Klan distinguen a los miembros encapuchados.
Las tomas de muy cerca sirvieron para agregar inmediatez.
Los ojos espiando detrás de las capuchas para mostrar
lo humano por debajo. El artista dice que pudo encontrar
humanidad en ellos porque se lo permitieron. Se dejaron
fotografiar por un "Hispanic"!
Y la búsqueda de humanidad de Serrano continua en la
morgue. Consignada por la muerte, en una cara manchada de
sangre se destaca un ojo entreabierto y la cara de un hombre
que la propia mujer atacó con un cuchillo.
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Andres Serrano
por Gumier Maier.
Artista y curador.
Éramos Elba Bairon, Schiavi y yo, y Adriana
Rosenberg dice "tengo una sorpresa para ustedes". Nos
conduce a un cuartito alargado y estrecho, todo blanco, sin
aberturas. No acertábamos a poner el proyector de
diapositivas en funcionamiento, así que estuvimos un
buen tiempo ubicados en nuestras sillas, esperando como a
escondidas.
Un chico rubiecito trajo café.
Recuerdo especialmente tres fotos. Un niño muerto tan
bello. Luego una púber desnuda, enmarcada en un cielo
en calma. La tercera era una enana acostada, tomada de
perfil, como si la camilla fuera el horizonte. Estaba siendo
penetrada y miraba a la cámara con una
expresión dura, irrenunciable. Era rubia y
tenía un increíble parecido con Cecilia Roth.
Mirábamos cada foto un rato largo, fumando, tomando
café. Hablábamos poco -para decir "qué
linda ésta".
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Introduction: Below Skin-deep
por Wendy Steiner.
Catálogo ICA.
"¿Cuál es el verdadero escándalo en
las fotografías de Serrano? Las imágenes
subvierten toda forma de control para poder admitir el
temido desorden del significado. Al valorar el cuerpo,
tornan nuevo al espíritu". "La sangre, la orina y la
leche no son solo colores, fluidos corporales y
símbolos sino también filtros que colorean al
mundo".
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Andres Serrano
por Ana M. Battistozzi.
Crítica de arte.
Aquél escándalo puritano promovido en 1989
en torno de Piss Christ, un trabajo que formaba parte de la
serie fotográfica de Serrano sobre el cuerpo y sus
fluidos -la sangre, el esperma, el pis- tuvo la virtud, como
sugirió el artista alemán Hans Haacke, de
sacar al mundo del arte americano de su obsesivo entusiasmo
por los números de mercado.
En plena apoteosis de los Ochenta, Serrano logró, con
la ayuda de Helms, presentar al arte como un terreno
simbólico que tiene mucho que ver con la libre
expresión en la vida cotidiana. Ese derecho que el
ciudadano americano medio siente como uno de los pilares de
su sociedad, fue paradójicamente conculcado en nombre
del bien común y el interés de los
contribuyentes. En defensa de ellos Helms consideró
que la obra de Serrano, no merecía el apoyo del
National Endowment of Arts porque atentaba contra la
sensibilidad religiosa del pueblo americano.
Lo que en verdad se proponía este latino de profunda
raíz católica era cuestionar el
carácter binario de la civilización
occidental. Ni blanco, ni negro, sus imágenes
trabajan la desarticulación de un mundo basado en
polaridades sacro-profano, femenino-masculino, joven-viejo,
vida-muerte, abstracción-representación. Todo
eso aparece en la obra de Serrano en una prolongación
recíproca que circula naturalmente como los fluidos
en el cuerpo contenidos por la carne. Aquellas
imágenes de su serie La Morgue de 1992 no son otra
cosa que una reflexión sobre la vida y la muerte. En
la era en que se juega con la ilusión del triunfo
sobre la muerte, Serrano la trae dramáticamente a
escena y muestra fragmentos de ese estado de
integración humana que inevitablemente produce. En
ese punto donde los matices se clausuran y diluyen
diferencias económicas, de razas, credos
políticos o religión.
La fotografía, a su vez, le sirve para dar cuenta de
esa realidad. desde un naturalismo exasperado que recuerda
la imaginería persuasiva del barroco español,
hasta una sutil fuga hacia la abstracción que no se
aparta del erotismo, acaso el rasgo más sugerente de
sus imágenes.
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Andres Serrano: Retrospective
por Marcia Tucker.
Catálogo ICA.
"El trabajo de Serrano tiene tanto impacto en los
espectadores porque los atrae a un dominio privilegiado
donde se confunden las dimensiones públicas y
privadas. Serrano entra en el mundo secreto del convento, la
morgue, los sin techo, el Klan y en el cuerpo mismo para
mostrar lo que son y lo que no son. En la tradición
de la fotografía, su trabajo funciona
simultáneamente como revelación y como
crítica, haciendo perceptible lo escondido y lo
invisible, y aún lo verdaderamente indigerible. A
costo del espectador, manipula secretos haciendo visible
cosas que la mayoría de las personas prefieren no ver
o reconocer".
"Pero, en definitiva, la gran fuerza de su trabajo reside en
su difícil y problemática naturaleza, en su
voluntad de confrontar la formidable temática del
sexo, la religión, la raza y el poder".
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Andres Serrano
por Raquel Bigio.
Fotógrafa , curadora del Centro Cultural
Recoleta.
Imágenes de dolor, de soledad, de contacto con lo
oscuro, lo desconocido, la muerte y la resurrección.
Nos producen atracción, fascinación y rechazo
al mismo tiempo. Hay un vínculo entre lo
frágil y lo violento; algunos de los cuerpos
fotografiados han sido asesinados o sea que la violencia
llegó a esa oscuridad máxima. Hay una
energía que lo lleva a rodearse de muerte y de
conflicto. Pero amar a la muerte misma es amar a la vida de
una manera mucho más profunda, es como si la belleza
de la imagen pudiera redimir y quitar el temor.
¿Cuál es la esencia del cuento de la Bella y la
Bestia? "Si ese ser me ama, yo dejo de ser una bestia".
Mostrar el horror es provocar rechazo. Pero la bestia se
convierte en príncipe al ser transformada en belleza
estética. Después de cada toma el
fotógrafo muere y renace pues deja de tener la
autoimagen de sí mismo. Hay un anhelo de traer estas
imágenes a la vida a través de las
fotografías. Serrano entra en la muerte para buscar
la vida. Para mí, descubrir lo que es feo es
encontrar lo hermoso, ahí se produce la alquimia de
lo bello y lo feo, de la Bella y la Bestia y es lo que ha
logrado Andres Serrano con sus fotografías.
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Andres Serrano: The body
politic
por Robert Hobbs.
Catálogo ICA.
En su primera década de trabajo maduro, Andres
Serrano probó sus límites y los de la
sociedad. Al utilizar al arte como una herramienta de
investigación, para explorar su nostalgiosa
espiritualidad residual y para dar cuenta de la
construcción cultural que es la publicidad, fusiona
estos dos intereses en trabajos centrados en el cuerpo
político. Su uso de los fluidos corporales puede ser
tomado como una metáfora de la condición
humana, en momentos en que preocupan sobremanera los
exámenes compulsivos por el sida y las drogas, cuando
se debate el aborto y la legalidad de la eutanasia, existe
un número ascendente de personas sin techo, se
verifica un resurgimiento del Klan. Serrano ha creado
imágenes provocadoras que no sólo se niegan a
resolver estos temas difíciles sino que introdujo
elementos que hacen de éstas nuevos objetos del
deseo. El artista fuerza al espectador a definirse sobre
estos asuntos, que él muestra sin tomar partido.
Serrano también utiliza el lenguaje visual de la
publicidad y de la fotografía de moda para alentar al
espectador a que considere hasta que punto la
condición humana, incluida la esfera espiritual, ha
sido reducida a una mercancía al fin del Siglo
XX.
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Andres Serrano
por Martín Weber.
Fotográfo.
De los trabajos de Andres Serrano los que más
interés me despiertan son los de La Morgue y los de
Budapest.
En ambos trabajos la preocupación sobre los temas de
la belleza entendida como tal y por los cuerpos humanos en
su existencia material, se combinan dando resultados
conmovedores por su riqueza expresiva y de lectura. En el
caso de La Morgue se enlista en una fotografía
memorial con una gran historia, en la cual se retrataba a
los muertos con el objeto de preservar su imagen y recuerdo.
En esos tiempos (en la época de los daguerrotipos y
después) el ser fotografiado representaba en
sí un gran evento, equiparable a los acontecimientos
que se consideraban fotografiables. Es por ello que ambos
confluían: el acontecimiento de una muerte
convertía en fotografiable al sujeto por motivos
varios, entre ellos, si era un menor sería el
único recuerdo que tendrían de sus rasgos
físicos. Circunstancia y uso convergían.
Serrano vuelve sobre esa circunstancia: muerte, cuerpo que
se convierte en cadáver y lo visita aislado del lugar
acontecido (como podría aparecer en los diarios o
archivos policiales), en ese tiempo que transcurre entre el
haber sido descubierto y su preparación para una
eventual cremación o entierro.
Los cuerpos aparecen despojados y al mismo tiempo
embellecidos por una iluminación soberbia, delicada y
no efectista. Esto acompañado del uso del color y el
formato grande nos devuelve de manera casi hiperrealista
poros, cabellos, y laceraciones varias sufridas por los
cuerpos. Nos invita a leer y a los cuerpos a "hablar" desde
los distintos indicios, signos y huellas de los cuales son
soportes. Seres anónimos cuya identidad queda grabada
tal vez sólo en sus huellas dactilares.
Es por ello que no podemos dejar de mirar esta
contradictoria composición: cadáver que se
vuelve cuerpo por la belleza que recuperan ante la mirada
sobre estos restos de seres humanos cuyas vidas han sido
troncadas por diferentes tragedias. Es una síntesis
del devenir trágico de lo material
corpóreo.
En los trabajos de Budapest reaparecen los cuerpos, algunos
referidos por su belleza a una iconografía: el
Marinero bello, la Madre que amamanta, el Loco. Pero de
nuevo con el mismo tratamiento: buscando resaltar las marcas
que el tiempo se ha encargado de registrar en sus cuerpos,
cuerpos de nuevo con historia: la vejez con una vida por
detrás y la juventud del marinero con un erotismo en
el rostro que va a desaparecer.
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