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De izquierda
a derecha:
Pompeyo Audivert,
Libero Badii,
Marie Vitullo,
Gianella y
Sesostris Vitullo.
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EL GRAN DESCONOCIDO
He tenido el privilegio de conocer, casi de descubrir, a
Sesostris Vitullo y a su extraordinaria obra creadora.
Voy a relatar, paso a paso, el proceso de una de las
más emocionantes experiencias que pueden
protagonizarse en la vida: cimentar una amistad basada en
los valores humanos y en la admiración por la obra de
un artista.
Fue Orlando Pierri que en conocimiento de mi viaje a
París en 1950, me pidió llevara a un amigo
ropas y alimentos. Había conocido a Vitullo en su
reciente estadía y me habló de él en
términos que comprometieron mi interés.
Llegué al modesto taller de Montrouge-sur-Seine sin
anunciarme. Me abrió la puerta un hombre hosco,
desconfiado. Le expliqué la razón de mi
visita. Si mi condición de Director del Museo
Nacional de Arte Decorativo acentuó su desconfianza,
mi amistad con los Pierri le obligó, en cambio, a
dejarme entrar.
Es difícil describir el modesto taller de Vitullo,
anónima casa de suburbio, sin misterio ni bohemia,
apenas cuatro paredes atestadas de bultos envueltos en
fundas blancas y sólo descubierto el granito rosa que
está tallando directamente el artista.
Bloques grandes y pequeños transformados en informes
esbozados, monumental ronda de fantasmas que afirman su
existencia sin perturbarlo. "Es tan chico todo esto -me dice
mirando a su alrededor- que la visión permanente de
las obras ya concebidas perturbaría la nueva
creación", comenta el artista explicando su
costumbre. Ese día se inició nuestra amistad.
Así empezó a descongelarse su justificada
aprensión ante sus compatriotas.
A medida que iba presentándome sus obras, se
acrecentaba mi admirativo asombro, ante la revelación
de algo trascendente. Nunca había sentido tan
directamente la presencia de algo esencial. Tuve conciencia
plena de encontrarme frente a uno de los más grandes
escultores de nuestro tiempo. Y ese escultor era argentino,
un argentino completamente ignorado hasta entonces.
¿Cómo había sucedido esto?
¿Cómo era posible que semejante talento fuese
totalmente desconocido? Poco a poco Vitullo fue
entregándose, abriéndose. Me habló de
las razones que provocaron su escepticismo ante el mundo. Un
encadenamiento de desiluciones, fracasos, frustraciones
fueron encerrando al hombre en sí mismo. Sólo
la exhaltada conciencia de su talento que me
transmitía en un idioma mezcla de porteño y de
gaucho mechado de francés y argot, lo defendió
en su desesperanza, ayudándole a no claudicar, a
seguir luchando, a supervivir. Porque las privaciones de
Vitullo fueron tremendas, tanto físicas y materiales
como espirituales. Su aislamiento fue cada vez más
absoluto. Sin embargo, doloroso es señalarlo, muchos
argentinos que pasaron por París o allí se
afincaron, frecuentando Montmartre o Montparnasse, lo
conocieron, sin percatarse en ningún caso de su
talento. Desde 1925, cuando llegó a París,
sirvió de modelo no sólo a Bourdelle, a donde
lo había llevado su afán de oir al admirado
maestro, sino que por unos pocos francos también
había posado para colegas más favorecidos,
ante quienes pasó prácticamente desapercibido
cuando no francamente despreciado. Tenemos desgraciadamente
que rendirnos ante la evidencia. En su caso, la falta de
solidaridad de sus compatriotas fue absoluta. Me
relató su trágica experiencia cuando, ante la
indiferencia de la Embajada Argentina, la ocupación
alemana lo encarceló, rehén por la
internación de los marinos del Graf Spee en nuestro
territorio... nadie vio en ese joven "iracundo" de entonces
a uno de los más genuinos exponentes de la
creación argentina. En las páginas 71-72 de su
reciente libro "La pintura y mi tiempo", Horacio Butler lo
documenta en unos párrafos que dejamos sin
comentarios: "al terminar la guerra fue grande nuestro
asombro al enterarnos de que (Vitullo) era bien conceptuado
entre los nuevos valores de su generación". Pero lo
que más sorprende es lo que sigue: "Por desgracia, ya
en vísperas de su notoriedad, con una
exposición proyectada en Norte América, el
destino dispuso que falleciera en la mayor pobreza". Butler,
como la mayor parte de sus colegas y compatriotas pareciera
que ignoraron que le tocó a Vitullo la máxima
consagración a la que puede aspirar un artista de
nuestro tiempo; la exposición retrospectiva de sus
obras en el Museo de Arte Moderno de París, en
diciembre de l952; y que si es cierto que murió pocos
meses después, en la mayor pobreza, murió
conciente de haber alcanzado con ese acto reparador y
consagratorio el reconocimiento público de toda la
trascendencia de su obra.
Desgraciadamente la conspiración del silencio que
signó toda su vida de artista volvió a
cercarlo inmediatamente después de muerto. Varios
días tuvo que permanecer el cuerpo del escultor en la
morgue de París por indiferencia feroz de la Embajada
Argentina que prefirió ignorar el infausto
acontecimiento, no haciéndose cargo del entierro del
artista que unos meses antes había sido presentado al
mundo justamente bajo su patronazgo, cubriéndose las
paredes de la ciudad con "affiches" que anunciaban la
inauguración de la exposición: VITULLO,
SCULPTEUR ARGENTIN... Terrible, negativa
confabulación que acompaña a veces la obra de
los artistas más trascendentes.
El caso de Vitullo continúa; a los 15 años de
su desaparición no se ha logrado provocar la toma de
conciencia reparadora esencial que haga ver a las
autoridades pertinentes la imprescindible necesidad que
tenemos los argentinos de rendir el postrer homenaje al
escultor más importante de su historia, repatriando
las pocas obras que aún quedan reservadas por la
viuda que espera, esperaba hasta 1962, con veneración
por su esposo, conciente de la importancia que para la
memoria del artista y su obra implicaba el reconocimiento de
su país natal.
CONSAGRACION REPARADORA
Pero volvamos al curso de nuestro itinerario. El mismo
día que lo conocí asumí la
responsabilidad de reparar el injustificable desconocimiento
del hombre y de su obra.
Mi viaje, aunque de carácter privado, llevaba
implícito mi condición de Director del Museo
Nacional de Arte Decorativo, acompañado de las
credenciales del Ministerio de Educación y el
pasaporte oficial otorgado por Relaciones Exteriores. Estas
circunstancias y mis sólidas amistades con tantas
personalidades francesas me abrían todas las puertas.
Esa misma tarde visitaba al Embajdor Argentino en
París, entonces Sr. Héctor Madero,
comunicándole mi trascendente descubrimiento. Ni
él ni el agregado cultural, Sr. Ramos, sabían
de la existencia del artista pero accedieron con entusiasmo
a visitarlo conmigo al día siguiente.
Era la primera vez que funcionarios argentinos lo visitaban.
Fue muy emocionante; Vitullo comenzó a descongelar su
resentimiento y su escepticismo frente al país y sus
autoridades, y sin transición entró en una
euforia esperanzada. ¡Qué difícil no
volver a defraudarlo! Comuniqué ahí mismo al
Embajador que de inmediato iniciaría mis gestiones
esclarecedoras ante las autoridades artísticas de
Francia. Era muy amigo de Georges Salles, Director General
de los Museos de Francia, de Jean Cassou y Bernard Dorival,
del Museo Nacional de Arte Moderno de París. Les
contagié mi entusiasmo y aceptaron
acompañarme. Fuimos Salles y Dorival, -Cassou estaba
internado por una operación-. La emoción de
Vitullo fue conmovedora. Al ir descubriendo una a una sus
magistrales realizaciones, mis amigos quedaron mudos de
asombro y admiración. Tampoco ellos podían
creer lo que sus ojos veían por primera vez, ni
comprendían cómo era posible que no hubieran
oído hablar de semejante revelación. El
impacto fue inmediato y sin reticencias, ahí
nomás, se concretó el ofrecimiento de las
más altas autoridades de la museografía
internacional: Georges Salles miró a Dorival, Dorival
miró a Salles y sin mediar palabras el Director
General de los Museos de Francia, le ofreció a
Sesostris Vitullo las salas del Museo de Arte Moderno de
París para realizar la exposición
retrospectiva de su obra.
Se concretaba para Vitullo el ofrecimiento consagratorio que
había esperado toda su vida. Un abrazo entusiasta
cerró la entrevista. Nos despedimos. Conduje a mis
amigos a sus respectivos domicilios y volví al
taller. La escena fue inenarrable. Ese hombre cuya imagen
física y su idiosincracia espiritual fue
plasmándose a imagen y semejanza de los rudos
materiales que su empecinada capacidad creadora trató
de dominar, lloraba como un niño.
En los días subsiguientes fueron concretándose
y oficializándose los detalles. La exposición
fue fijada para diciembre de 1952.
Mientras tanto se iba cimentando nuestra amistad. Día
a día Vitullo fue develando ante mí su
compleja personalidad. La dificultad de sus primeros
años, el despertar, la lenta toma de conciencia de su
vocación de escultor. Su primer encuentro con la
escultura frente al Sarmiento de Rodin. Sus primeras
vinculaciones con algunos artistas, Fioravanti, Bigatti. Su
necesidad de buscar nuevos horizontes para aprender... pero
nada mejor para que el lector lo siga que reproducir la
espontánea autobiografía
que me envió, cuando empecé a recopilar
antecedentes para redactar la presentación del
catálogo de la exposición que me había
sido encomendada.
Todo está dicho. Ahí están el hombre y
el artista en toda la medida de su sencilla grandeza.
Conciente de su real aporte al proceso creador.
Lo demás lo dicen sus mismas obras, como lo
destaqué en la presentación de su
exposición diciendo: "El artista al exhibir sus obras
cumple también con ello su destino creador. Porque el
arte es comunicativo, ya que al realizarse logra los
encuentros que en la oscura búsqueda persiguiera.
Sesostris Vitullo responde como ninguno a la extraña
paradoja de llegar a lo universal por un auténtico
sentir nacional. Las lejanas orillas de la Patria parecen
seguir los contornos de sus tallas vigorosas, y sin perder
la brújula de la unidad, el equilibrio y la
armonía que dirigen toda su obra conquista el "tiempo
espacial", ese grande y definitivo anhelo. Cuando un artista
se presenta de esta manera es inútil retórica
presentarlo con palabras.
"El granito rojo de Bretaña, el mármol de
Carrara, el roble y el palisandro hablarán por
él. Esos materiales de la antigua Europa con que
Vitullo realiza su imagen de América
descubrirán las misteriosas corrientes comunicantes
que acercan a los hombres. Cuánta extraña
coincidencia, secretas analogías y comunes
transformaciones"...
La pupila intacta de América recibe la antigua luz y
la devuelve en deslumbrado alumbramiento.
Agotado el tema de su formación, dueño de un
metier, interiorizado de lo que hacían sus colegas,
los escultores de su tiempo influyeron sólo muy
incidentalmente en sus obras. Pero hubo una amistad que
contó tanto en su vida, que lo ayudó a poblar
su soledad. Fue la del pintor holandés Bram van
Velde. Los dos se influyeron mutuamente. Podemos descubrir
ciertos paralelismos en sus obras. Por rara coincidencia se
le reconoce a uno como el padre de la Nueva Escuela de
París, al otro el de la nueva escultura. Si expone a
partir de 1934, es en la década del '40 cuando llega
a lograrse plenamente, presenta su primera exposición
individual en la galería Jeanne Boucher en 1945. A
partir de entonces y hasta la inauguración de su
exposición es cuando Vitullo realiza sus obras
más importantes que por la característica que
supone tallar directamente sobre la materia no
llegarán a más de una cincuentena. Un profundo
sentido religioso signa su primera época, enraizada
en la teluria natal se sublimiza en sus últimas
creaciones donde ya la figuración solo se intuye a
través de un cincel cada vez más incisivo y
profundo al conquistar ya definitivamente ese "tiempo
espacial" que hacen que su creación sea
trascendente.
Se inaugura la exposición bajo el auspicio de la
Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de
Relaciones Exteriores de Francia y de la Embajada Argentina
en París, con la colaboración de la
Asociación Francesa de Acción
Artística.
Toda la crítica fue unánimemente
consagratoria. A los pocos días de clausurada la
exposición, la salud quebrantada del escultor por
esos dos años de trabajo agotador, se resintió
a un punto tal que provocó la muerte del artista el
16 de mayo de 1953.
EL GRAN OLVIDADO
Raymond Ronze, el gran amigo de la Argentina,
escribe un magnífico artículo
necrológico que publica en La Prensa, de Buenos
Aires, el 2 de agosto de 1953. En esa misma fecha se expone
por primera vez en la Argentina el Cristo Rey, el Dormeur y
el Homenaje a Lautreamont, de mi colección, en la
galería Comte de Buenos Aires. En 1954, como un
homenaje a Vitullo, el Salón de la Joven Escultura
realiza una exposición retrospectiva de sus obras en
la Galerie Verneuil, de París en 1954, que presenta
Jean Cassou : "El escultor argentino Vitullo, que ha
realizado toda su carrera en la Escuela de París ha
muerto en el momento en que se clausuraba su
exposición retrospectiva en el Museo de Arte Moderno.
Suprema consagración de una existencia secreta y
dolorosa. Es necesario guardar el recuerdo de este artista
puro, huraño, obstinado, que no ha conocido,
mereciéndolo en alto grado, los consuelos de la
Gloria y que, en los más duros materiales, ha
esculpido los sueños más impenetrables de su
continente".
En 1956, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires,
presentaba en el aniversario de su muerte las mismas tres
obras mías. Junto con una esfinge y una
máscara de la colección Vogelius y las dos
obras de la colección Numa-Rossotti que se exponen
por primera vez en la Municipalidad de la Plata y en la
placa de memoria de Mateo, su gran amigo, son según
creemos las únicas obras del escultor existentes en
la Argentina.
Palabras consagratorias de Michel Seuphor en la "Sculpture
de ce siécle", Edition du Griffon, Neuchatel,
Suize,1959. En 1961, en el número 78 de la revista
L'Oeil, al comentar el Salón de Mayo de ese mismo
año, dice él crítico Jacques Putman "lo
que es curioso es la enorme influencia de Vitullo, todos los
años representado en todas partes, en todos los
salones por 6 o 7 obras directamente inspiradas en él
habiendo él, en cambio, caído en el
olvido".
La exposición retrospectiva, en 1963, del Stedelijk
Museum de Amsterdam, catálogo Número 330,
presentado por Jacques Putman: "entre 1944 y 1952, Sesostris
Vitullo ha realizado trabajos que pueden figurar en el
número de las obras más importantes de la
época contemporánea... Hoy, casi diez
años después, con la perspectiva que permite
ver y comprender, el Museo de Arte Moderno de Amsterdam
consagra una exposición al escultor argentino, la que
permitirá, así al menos lo esperamos, la
valoración de la sinceridad y de la grandeza de su
trayectoria y poder, de este modo, situar su obra en el
lugar que en justicia le corresponde".
Pero es a la Argentina, su país natal, a quien le
incumbe esta tarea reparadora. Esperemos que no se demoren y
que no sea ya demasiado tarde.
Si éstas lineas contribuyen al debido
esclare-cimiento de quienes tengan como primera prioridad la
responsabilidad de repatriar las obras de Sesostris Vitullo
y hacer trascender la verdadera posición de la obra
del escultor argentino en la historia contemporánea,
habremos contribuído a saldar la deuda que tenemos
pendiente con tan grande artista.
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