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Sesostris Vitullo: del Abasto a
París
por Adlo Galli
Diario La Nación 09/04/97.
http://www.lanacion.com.ar/suples/arte/970409/art-59.htm
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Por primera vez se exhiben en nuestro país
esculturas de la colección de la Universidad Di
Tella.
La Fundación Proa (Pedro de Mendoza 1929) expone un
valioso conjunto de esculturas de Sesostris Vitullo (Buenos
Aires, 1899-París, 1953), uno de los más altos
y originales exponentes de nuestro arte. Lamentablemente, su
mérito merece más reconocimiento que la
secreta fama que lo rodea.
Es la primera vez que esas piezas pueden verse en el
país, después de haber estado en Francia
durante tantos años que cuesta creerlo. Allí,
pese a haber llevado una vida de penurias derivadas de la
pobreza, Vitullo tuvo un reconocimiento mayor poco antes de
morir, por mediación de Ignacio Pirovano, entonces
director del Museo de Arte Decorativo argentino. Este
contó el hecho más o menos así. Estaban
en el taller del escultor, donde había llevado a
Georges Salles -director general de los museos franceses- y
a Bernard Dorival, del Museo de Arte Moderno de
París. Salles miró a Dorival, éste
miró a Salles y, sin mediar palabra, le
ofreció a Vitullo una retrospectiva en el Museo de
Arte Moderno de París.
El promisorio final de la entrevista conmovió a
Vitullo hasta las lágrimas. Lo consideró un
reconocimiento que si bien no justificaba los años de
aislamiento y de miseria implicaba que algo había
quedado de su prédica en favor de una escultura en
cierto sentido monumental, tanto por la fortaleza de su
estructura como por su potencial comunicativo y, sobre todo,
portadora de una identidad argentina poco menos que
excluyente.
Conmueve pensar que Vitullo nació en el Abasto,
aunque "no fue exactamente un porteño -la
observación viene del escultor argentino Raymond
Ronze-, el cosmopolitismo de la gran ciudad no lo
tocó". Un cuarto de siglo en París no
bastó para atenuar la argentinidad de su lenguaje.
Hay algo en sus esculturas que las enriquece con un toque
expresionista enraizado en las cosas de la tierra.
La obra de Vitullo es hierática, es cierto, pero
también es sólida e inesperada en su
conformación, a veces ligeramente barroca y, a
menudo, cargada de simbolismos. Tiene la rudeza primitiva
que exalta la naturaleza de la madera y la piedra.
Quien quiera conocer su obra, que enriquece en el más
alto nivel nuestra escultura, contribuirá a reparar
la injusticia de mantener en secreto el nombre de un artista
mayor.
Entre las piezas que se exhiben, está la piedra
titulada Eva Perón - Arquetipo de símbolo, de
1952, pedida por el gobierno argentino de entonces y
finalmente, después de conocida,inhabilitada en
algún lugar de París.
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Exposición Vitullo y su
significado
por Ignacio Pirovano
Este documento fue extraido de la biblioteca del Museo de
Arte Moderno.
El Museo Nacional de Arte Moderno de París es la
Institución que consagra los valores estéticos
internacionales.
Su fallo es inapelable e indiscutible.
La obra de Vitullo es una valor internacional de la
escultura contemporánea, 25 años de Francia no
hicieron más que afirmar su raigambre argentina.
Enorme porcentaje de su obra está dedicado a
enaltecer las realidades nuestras, Río de la Plata,
Esfinge Pampeana, Via Crucis del Gaucho, Monumento a
Martín Fierro, Piedra Tumbal a José
Hernández, Nahuel Huapí, etc, así lo
confirman.
El único escultor extranjero que formaba parte de la
antigua Asociación de Talladores de Piedra de
Francia, que viene de la Edad Media.
Vitullo era un tallador directo. Unía pues a su
inspiración estética una técnica
artesanal impecable y rarísima.
Todo esto hace de él, aparte de los gustos
personales, una figura argentina del primer plano.
Hay que dividir, en estética, los valores nacionales
de los va-lores internacionales. Vitullo representa un valor
internacional.
Así lo confirma el hecho de haber sido invitado a
exponer en el Museo Nacional de Arte Moderno de
París.
Como valor internacional argentino, era lógico que el
Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, en la
Dirección de Asuntos Culturales, invitara a la
embajada Argentina a que auspiciara, junto con ella, la
muestra.
Todas las exposiciones internacionales realizadas en ese
Museo se hicieron siguiendo esa práctica
protocolar.
Es falso e inexacto que la Comisión Nacional de
Cultura auspiciara esa Exposición. Vitullo
murió en la más absoluta pobreza... 8
días su cadaver en la Morgue así lo confirma.
Abandonado por la Argentina en todo momento, olvidando su
humildísimo origen, su jerarquía
artística y sus convicciones Peronistas, y sobre
todo, haber estado encarcelado por las autoridades alemanas
de ocupación como rehén argentino, en
represalia de las personas internadas del Acorazado Graf
Spee.
Independiente del acierto o deshacierto de la obra en
sí, que puede considerarse muy mala, la
interpretación simbólica de Eva Peron como
trasunto de expresión telúrica de
América liberada por el Justicialismo en sus razas
milenarias y autóc-tonas, por lo menos puede ser
discutible en cuanto a rea-lización, pero
justificable en cuando al sentido de la
interpretación.
Por último, la muerte de Vitullo, como elemental
respeto hacia un artista, debía haber evitado la
discusión prematura de su obra, consagrada por los
críticos de arte más importantes del
mundo.
Raymond Ronze, una de las más altas autoridades del
mundo, Director, por otra parte, del intercambio
universitario o franco - argentino, consideró su
obligación realizar el ho-menaje de la cultura y el
arte de Francia a a la cultura y el arte argentino,
escribiendo la oración fúnebre publicada en el
rotograbado del diario "La Prensa".
Este artículo provocó la acerba crítica
en el artículo de fondo del diario "Democracia" del
día 16 de Setiembre y el día 17, al día
siguiente, noticias argentinas del exterior publicaban la
recepción que en la Embajada Argentina en
París se realizaba ese mismo día para
condecorar al Profesor Ronze con la Orden de Mérito
Nacional en vista de la activa labora de intercambio
cultural y artístico que realizara dicho
señor.
El ataque y el premio no guardan relación en la
orientación política e internacional
argentina.
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Vitullo y el mito
por Michel Dufet
Semanario "ARTS" Nº350, Faubourg Saint Honoré,
París 16/01/53.
"Mi abuelo era domador de caballos en la Pampa. Fue
él quien me educó. Vivíamos en una
naturaleza salvaje, una naturaleza que hacía
estremecer. Cuando una carreta se encajaba en la tierra
mojada por la lluvia de las tempestades, sus ruedas
pareciera que abrían un abismo; muy niño
entonces me quedaba al borde del hueco angustiado. El
viento, sobre todo, era terrible. Luego venía el sol,
un sol tórrido, enceguecedor. Inmensas llanuras y. de
pronto, un muro; la Cordillera. Horizontales, verticales. Yo
no he comprendido totalmente esa violencia, no me ha sido
posible expresarla hasta que la dulce finura de Francia me
hubo envuelto. Tres elementos me han comprometido: el
paisaje de la Argentina, su viento, su luz. He extendido mis
bloques sobre la tierra o bien los he levantado como totems,
capaces de afrontar la más cruda
iluminación..."
Así se sintetiza Vitullo. Sus ojos, en los que se lee
la bondad, fulguran en el rostro anguloso, como tallado a
golpes violentos en un madero duro, dulcificado solamente
por enormes patillas plateadas que se esfuman hasta la
comisura de los labios. El corderoy marrón, del que
emergen los rasgos de la figura, acentúa su rudeza,
animada por el encarnado del pañuelo de seda que
lleva anudado al cuello. Sus gruesos zapatos resuenan sobre
las lozas. Vitullo camina entre el bosque de granito, de
mármol y de madera esculpidos, colocados en el Museo
de Arte Moderno, en el alto salón donde, para
responder a las manifestaciones del arte francés,
organizada en la República Argentina desde la guerra,
Francia ha acogido su obra.
Es típicamente argentina, lo que equivale a decir
"indígena". Pero ella ha sido realizada en
París, donde el artista vive desde 1925. Es decir que
su obra participa de la influencia de nuestros más
grandes escultores franceses, pero tan bien digerida, tan
perfectamente asimilada que sólo sus métodos
de trabajo se mantienen a través de una personalidad
nueva, intacta, que ha surgido. Y este método, salta
a la vista primeramente, por su análisis profundo,
sensible, exigido hasta su máxima intensidad de la
forma viviente para llegar, gracias a síntesis
sucesivas, a la expresión de símbolos
plásticos de una extrema estilización, en el
deseo, quizás, de encontrar una forma para aquello
que se nos escapa, que puede ser la amistad animal en el
desierto, la aparición continuada del bosque o la
majestad del canto gregoriano.
Esta voluntad de llegar a la abstracción por el duro
camino del análisis de formas concretas, se ha hecho
particularmente visible en obras donde el escultor ha
querido presentarnos etapas sucesivas: Cristo Muerto, por
ejemplo, del que hablamos en estas mismas columnas y que ha
dado lugar a cinco esculturas escalonadas entre l935 y l952.
En ellas Vitullo ha abandonado, poco a poco, la imagen
anecdótica y la forma sensible para sólo
expresar la tragedia del más sublime de los mitos
mediante un ritmo de planos socavados, cortados,
violentamente contrastados. Igualmente en lo que se refiere
al Cóndor, quien se yergue en dos totems, el primero
de granito rosa -esculpido en l949-, el segundo, más
depurado, de formas más amplias en las que aflora la
sensibilidad apareciendo más profunda, más
intensa, más humana en una palabra, y que data de
l951.
Es también el Cóndor quien le ha proporcionado
a Vitullo el tema, permitiéndole simbolizar al
Libertador de Chile y Perú, San Martín.
El poeta Antonin Artaud está representado por un alto
bloque de ébano, en el que los hermosos planos,
sobrios y pulidos, ascienden del suelo. El jugo de la tierra
era su alimento ya que nada esperaba del cielo y la espalda,
evocando casullas, lo envuelve de misticismo.
Finalmente, para el poeta argentino José
Hernández, Vitullo ha acostado de cara al sol a una
piedra sepulcral. El poeta del Martín Fierro luce los
atuendos típicos del gaucho. Esculpido en un
magnífico granito negro, sus hermosos planos,
simples, comulgan con el verdadero suelo de las Pampas.
Reposando en medio de sus "cacharpas" el poeta yace tirado
cara al cielo.
Vitullo es un escultor monumental. Ha buscado tan
intensamente recrear su universo mítico que nos
propone representaciones hasta del sol y de la luna. Hoy en
día se clasifica, por esta excepcional
exposición, entre los estatuístas más
valiosos que ha producido la Escuela de París. Su
aparente abstracción no vagabundea por los meandros
de una fantasía desordenada. El análisis sutil
que le sirve de trampolín para lanzarse hacia las
más altas cumbres de la fuerza o de la sensibilidad,
todo en función de crear el mito, hacen que su arte
repose sobre las más sanas bases. Finalmente, nos
hace rendir homenaje, la disciplina que actualmente sabe
imponer a sus más entusiastas impulsos.
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La obra de Vitullo
por G.M.
Semanario "Combat", París 05/01/53.
"Que vuestro espíritu, escribía Rodin,
conciba toda superficie como la extremidad de un volumen
impulsado desde atrás. Figuraos a las formas como
apuntando hacia vosotros. Toda vida surge de un centro,
luego germina y se extiende de adentro hacia afuera. Del
mismo modo, en la buena escultura, se adivina siempre una
poderosa fuerza interior..."
Esta lección de Rodin es válida, sin duda,
para toda escultura. Da a las formas su poder
dinámico y su consistencia. Serena o violenta, lleva
a conquistar el espacio, superando su chatura. Así
comprobamos en el Museo de Arte Moderno que Vitullo
demuestra recordar la lección, que en ella se inspira
o que lo ayuda a redescubrir su espíritu, siempre y
cuando no haya conocido su letra.
La piedra, por lo general, no ha sido tallada nunca tan
profundamente ni la madera socavada, así, hasta el
alma. Más bien, ante la obra acabada, parecen ser
ellos mismos los que han conferido el nacimiento a
éstas pulsaciones de la superficie, haberlas
organizado, medido y equilibrado; pero conservadas
secretamente hasta el momento en que el buril del escultor
descubre su evidencia para revelárnosla.
Es quizás que por este sentido de la materia -piedra
o leño-, por este sentido que parece responder a una
obediencia, que el arte de Vitullo convencerá desde
el primer momento a sus espectadores. Y será
también por este sentido que Vitullo evitará
de antemano toda tentativa a través de la cual se le
pretenda encasillar dentro de una fórmula. Nacido de
un contacto del hombre, de sus sentidos y de su inteligencia
con la na-turaleza, este arte crea siempre objetos
naturales, y si a veces se percibe algún aspecto
convencional, no será si no, creemos nosotros,
excepcionalmente, en obras donde el respeto demasiado
literal por su figuración limita al artista quien
quizás no la sintió tan profundamente y a las
que tolerará, aunque sin adherir tan plenamente a
ella.
TOTEMS Y MASAS
Percibimos los orígenes más remotos de esas
creaciones. Sentimos en estas masas horizontales, de donde
surge el ritmo de los volúmenes o donde, a veces,
cincela una fuerte linea simbólica, la presencia de
las grandes civilizaciones precolombinas. Y esos totems
erguidos hacia el cielo, se conectan claramente con lo que
han debido ser sus antiguos modelos. Pero si de esas
"influencias" se desprende el espíritu central de su
obra, como intuye el futuro la mirada atenta de Vitullo
quien también lo ha sabido acordar a su quehacer de
escultor contemporáneo nuestro; esas influencias
desaparecen ante la unidad original, y si nuestra curiosidad
se tienta en descubrir esas influencias en su obra,
sólo lo será para luego olvidarse y
abandonarnos, en cambio, ante esa presencia
contemporánea de una búsqueda que sólo
se debe a si misma a los sólidos materiales que
informa.
Ligado a la naturaleza, intentando, por ejemplo,
restituirnos el movimiento del Río de la Plata,
"evadiéndose en la horizontal para encontrarse con el
mar", o la sobriedad vertical del totem Nahuel-Huapi, en
"esa región lacustre donde el paisaje de
vegetación mineral gira en la elipse";
acordándose de edades antiguas pero inolvidables, en
efecto, esforzándose por integrarlas a nuestro
tiempo, siempre respetuoso de la materia que ha elegido para
revelarla y, a través de ella, revelársela a
si mismo, el arte de Vitullo, en sus momentos más
logrados, alcanza la síntesis que comunica su fuerza
vital, no solamente a cada una de sus esculturas, sino que
las unifica, masas horizontales o totems, en una totalidad
creadora que cada una de ellas, por sí solas, saben
continuar y realizar.
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Un estilo moderno del barroco
por Charles Estienne
Semanario "L'Actualité Artistique International",
París 27/12/52.
Todo artista auténtico comienza por ser un
solitario. Aunque sólo fuera por esto, Vitullo
atraería nuestra simpatía. Efectivamente, vive
desde hace 25 años en París (nació en
Buenos Aires en 1899), y sólo se había
manifestado, hasta ahora, a través de una
pequeña exposición (si no me equivoco en el
año '47), en la Galería Jeanne Boucher. Desde
entonces silencio, retiro, a tal punto que cuando el Museo
de Arte Moderno anunció su exposición, nos
preguntamos cómo un "joven escultor" iba a poder
enfrentarse con las temibles salas de L'Avenue Wilson. Y si
digo escultor, es que entonces su fecundidad, sinceridad y
el lenguaje ya muy personal y en todo caso sorprendente de
las pocas piezas expuestas en la Galería Jeanne
Boucher, testimoniaban mucho más, a favor o en contra
de los dones de la juventud, que en pro o en contra de la
reserva o del egoísmo de la madurez.
Por esta razón la sorpresa fue más grande: sin
lugar a dudas, el artista argentino Vitullo -argentino de
París- es un escultor nato que nunca aborda el
mármol, el granito o la madera sin imprimirles su
sello personal. Sería poco decir que se trata de un
buen, un muy buen o mismo gran escultor: todo lo que Vitullo
toca se convierte en escultura, y lo resuelve
jugándose, con un virtuosismo, una soltura y una
fuerza muy raras de encontrar hoy en su oficio, siendo
éste uno de los problemas fundamentales que hoy
aqueja, no siempre a su favor, a la escultura llamada
moderna.
Así y todo, Vitullo, da un tono mayor, un no
sé qué inefable mucho más importante;
que no se ha considerado un problema solamente porque no es
un problema de estilo, consecuentemente de él no se
habla; ya que las soluciones formales, aquellas que solo
atañen al estilo, no aportan ninguna respuesta
auténtica al problema; dicho en dos palabras, Vitullo
acierta naturalmente, aquí hablaría de cierto
primitivismo tan saludable como congruente con el principio
esencial de su arte, aquel andamiaje mitológico y
geológico a la vez, donde debe siempre enraizarse
-aun incorporando el espacio- toda escultura digna de ese
nombre.
Conviene, por lo oportuno del caso, destacar que la
escultura es, en su esencia, algo monumental, no pudiendo
ésta, por consiguiente -excepto para alcanzar su
mejor motivación- limitarse a la realización
de objetos logrados o perfectos, ejecutados por un artesano,
aun siendo excepcional.
Entonces qué tranquilidad espiritual y qué
tensión, qué euforia, y, por contraste,
qué aventura la de descubrir, en medio de este bosque
inmóvil de monolitos verticales y de formas
agazapadas, enroscadas sobre sí mismas hasta la curva
extrema del erotismo, ver surgir los tres elementos
esenciales de la geografía espiritual de la
Argentina: la luz, el viento, y el perfil de la Cordillera
de los Andes, el buey y el cóndor, la danza del
gaucho, el sueño del Río de la Plata, la alta
soledad de los acantilados en la Patagonia, el sol y la
luna, el gallo y el cacique.
Escultor de masa, que modela, sin embargo, como se danza y
se ama, hacedor de objetos preciosos cual ídolos
familiares, ejecutor de espacios monumentales,
también de esta manera, se nos aparece Vitullo.
Pero, desde mi punto de vista, nos aporta algo mucho
más importante: su mundo personal, interior -algo tan
interior como su estirpe mineral y su espuma barroca- una
Anabásis de madera y de piedra, un gran país
poético y plástico que no sabría
indicar mejor que situándolo en alguna parte de esos
Andes espirituales donde se ha creado una herencia,
también, ese otro gran clásico barroco, el
poeta Saint-John Perse.
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