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  • Título: Las afinidades secretas de un grupo de creadores
    Autor: Ana Mara Battistozzi
    Fecha: 03/03/2001
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    Siete artistas consagrados exhiben al público sus colecciones, compuestas por obras de otros colegas.

    Qué extraños motivos llevan a un artista a coleccionar objetos y obras de otros artistas? Cuando en 1905 Matisse y su grupo irrumpieron en el Salón de Otoño que los dio a conocer con el nombre de fauves (fieras), el pintor ya tenía en su casa un pequeño Cézanne y un Gauguin.

    Según cuenta Alice B. Toklas, la compañera de la famosa escritora y coleccionista norteamericana Gertrude Stein, Matisse decía "que los necesitaba profundamente". Y seguramente así era, porque ambos habían significado un gran sacrificio para la familia: uno había sido adquirido con la dote de su mujer y otro con la venta de la única joya que ella había tenido en toda su vida. Con todo, las privaciones de la señora Matisse no acabaron allí. Más tarde su marido dirigió sus intereses hacia la escultura africana, una pasión que compartió con Picasso, equivalente a la de Manet y el escritor Emile Zolá por la estampa japonesa. Más recientemente, Andy Warhol articuló una colección tan rumbosa como ecléctica: incluía obras de colegas, diseños, fotografías, muebles y vidrios firmados y pinturas de grandes maestros antiguos.

    ¿Qué secretas afinidades encierra la colección de un artista? ¿Y cuáles son las claves que vuelven significativo lo que junta? La muestra que se inaugura hoy en la Fundación Proa plantea, en cierto modo, una aproximación a estos interrogantes, cuyas respuestas son tan diversas como los convocados.

    Colecciones de artistas abre la temporada del 2001 con los conjuntos que armaron los artistas Luis Fernando Benedit, Nicolás García Uriburu, Rómulo Macció, Josefina Robirosa, Alfredo Prior, Rogelio Polesello y Luis Felipe Noé, en distintos momentos de sus vidas. A excepción de Alfredo Prior, la mayoría pertenece a la generación del 60. Pero hasta allí llegan las coincidencias; por lo demás, ese dato está muy lejos de homologar preferencias.

    En la colección de Luis Felipe Noé, por caso, conviven una pintura del uruguayo Figari, con un dibujo surrealista de Roberto Aizemberg, unas caligrafías de León Ferrari y unas tintas de Alberto Greco del 63. La de Macció, por su parte, integra cómodamente un Torres García, un Quinquela y un Marcia Schvartz.

    De todas, la más ordenada es la de Nicolás García Uriburu y, en un sentido, también la más internacional. En ella hay obras de Tom Wesselman, de Niki de Saint Phalle, del francés Arman y también de Joseph Beuys. Las colecciones de Benedit y Rómulo Macció exhiben obras de uno y otro que intercambiaron en algún momento, allá por los 60.

    Trueques y necesidades

    En ese sentido, no cabe duda que el trueque ha sido el método que contribuyó a abultar estas colecciones de manera considerable. Fue así que en noviembre pasado, Benedit incorporó una de las obras más interesantes de la última muestra de Fabio Kacero en Ruth Benzacar. Y así también ingresaron a la colección de Josefina Robirosa obras de Cambre, Bueno, Prior y Kuitca.

    Robirosa recuerda que cuando estos tres artistas eran "chiquititos", se acercaron a pedirle una obra suya. Debía medir "un metro por un metro", ya que ése era el requisito de un imprentero para hacerles el catálogo de una exposición. En esta constelación heterogénea de artistas de los 60, la única coincidencia es la obra de Jorge de la Vega, el artista muerto en 1971, cuyos trabajos son afanosamente buscados también por coleccionistas no artistas.

    La idea de reunir estas colecciones fue de Sergio Avello, un joven artista que trabaja en Proa. Y la verdad es que se presenta como un buen pretexto para reflexionar sobre las afinidades estéticas de un grupo de figuras clave del arte argentino contemporáneo que, como Matisse, seguramente necesitan cada una de las piezas en exhibición. Una serie de entrevistas con anécdotas y documentación, reunidas por Patricio Rizzo completan el interesante cotejo que, incluye además, aquellas obras propias que por alguna razón íntima cada uno de los invitados de la muestra se guardó para sí.

     



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