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Press kit con link de descarga fotos Penumbra: Dia Art Foundation![]()
Prensa Publicada
Agnes Martin, Andy Warhol, Felix Gonzalez-Torres, James Turrell, John Chamberlain, Richard Serra Robert Irwin, Tehching Hsieh & Walter De Maria
Fundación PROA
lunes, 20 de abril de 2026
Entrar a Penumbra no produce una revelación inmediata ni un golpe de efecto. No hay un momento claro en el que la muestra “empiece”. Lo que aparece, más bien, es una leve desorientación. La luz no termina de afirmarse, las obras no terminan de explicarse entre sí, el espacio no termina de volverse neutro. Esa incomodidad inicial no es un defecto. Es, probablemente, lo más fiel que la exposición logra respecto de su propio programa.
La reunión de artistas es, en términos históricos, impecable. Agnes Martin, Andy Warhol, Felix Gonzalez-Torres, James Turrell, Richard Serra, Robert Irwin, entre otros, configuran una constelación que cualquier manual reconocería como núcleo duro de las transformaciones del arte desde los años sesenta. La operación curatorial propone leerlos bajo una misma condición, esa zona intermedia donde la luz no es plena ni ausente, donde la percepción se vuelve inestable y el sentido no se fija del todo. Esa idea funciona. Pero no porque organice un discurso sólido, sino porque deja ver sus fisuras cuando se enfrenta con el espacio concreto de Proa.
Ahí es donde la muestra empieza a ponerse interesante. No tanto en lo que dice sobre la luz, sino en lo que hace con ella. O, mejor, en lo que no puede hacer del todo. Las obras de Turrell, por ejemplo, no llegan intactas. Necesitan ser recalibradas, negociadas, ajustadas. El equipo técnico discute intensidades, alturas, dispositivos. La experiencia perceptiva no es pura. Es el resultado de decisiones, errores posibles, adaptaciones. La penumbra no es solo una categoría estética. Es también una condición de trabajo.
Lo mismo ocurre con Serra, aunque de otra manera. Las maquetas de las elipses inclinadas funcionan como índice de una escala que no está. Lo que se exhibe no es la experiencia, sino su reducción. Hay un relato sobre peso, riesgo, gravedad, incluso sobre accidentes reales vinculados a sus esculturas monumentales. Pero el cuerpo del espectador no entra en ese conflicto. Se queda en una distancia segura. Serra aparece entonces como una promesa diferida. Y esa distancia no es neutra. Hace visible el límite de la exposición como formato.
En ese punto la muestra se acerca, sin decirlo, a una pregunta interesante. Qué pasa cuando un conjunto de obras pensado en relación íntima con ciertos espacios se traslada a otro contexto que no puede replicar esas condiciones. La identidad de Dia Art Foundation, basada en el sitio específico y en procesos de largo plazo, se vuelve aquí un problema más que una garantía. No desaparece, pero se transforma. Se vuelve relato, se vuelve mediación, se vuelve, en algunos casos, compensación.
Proa responde a ese problema con una estrategia conocida. Mucho contexto, dispositivos de acceso, materiales complementarios, una pedagogía insistente que busca acompañar la experiencia. Hay algo valioso en esa decisión. Reconoce que estas obras no circulan solas. Que necesitan ser leídas, ubicadas, activadas. Puede paracer excesivo, pero la muestra no llega a desconfiar de su propia capacidad de producir sentido sin ese sostén constante.
Agnes Martin resiste mejor esa insistencia. Sus pinturas, con sus tramas apenas visibles y sus modulaciones mínimas, obligan a otra temporalidad. No ofrecen nada espectacular. No buscan capturar la mirada de inmediato. Exigen una atención sostenida que, en el contexto general de la muestra, funciona casi como interrupción. Mientras otras obras proponen experiencias más evidentes, Martin retira. Y en ese retiro produce uno de los momentos más consistentes del recorrido. No porque represente la penumbra, sino porque la practica.
Warhol, en cambio, desplaza el eje hacia otro lado. Shadows desarma la imagen pop más reconocible y propone una serialidad que oscila entre la abstracción y la repetición industrial. La sombra deja de ser un efecto para convertirse en procedimiento. No importa tanto qué la produce. Importa que puede ser reproducida, variada, reorganizada sin un orden fijo. En ese gesto hay una operación más cercana a la lógica de la fábrica que a cualquier idea romántica de la percepción. Warhol vuelve sistema la imagen.
Felix Gonzalez-Torres introduce una dimensión distinta, más difícil de absorber en el relato general. La cortina azul translúcida modifica la luz del espacio, sí. Pero también arrastra una memoria específica. La referencia a las cortinas hospitalarias durante la crisis del VIH, la separación entre cuerpos, la visibilidad parcial del dolor, la imposibilidad de ver del todo lo que ocurre al lado. Esa capa no se integra cómodamente con la estética de la penumbra. La incomoda. Y ahí la muestra gana espesor. Porque deja de ser un ejercicio perceptivo para volverse también una escena histórica y política.
Ese cruce no se sostiene en todas las obras, pero alcanza para desplazar la lectura. La penumbra ya no es solo una cuestión óptica. Es también una condición social. Lo que se muestra y lo que se oculta, lo que se vuelve visible y lo que permanece en los márgenes, lo que puede ser experimentado y lo que queda fuera de escala. En ese sentido, la exposición empieza a dialogar con algo más amplio que su propio canon.
Hay otro aspecto que aparece de forma lateral y que vale la pena retener. La insistencia en los procesos, en las residencias, en la producción en tiempo real, en la posibilidad de que el público se cruce con artistas trabajando, hablando, ajustando sus obras. Esa dimensión, más cercana a la práctica que al objeto final, introduce una lógica distinta. El arte no como resultado cerrado, sino como campo en movimiento. No siempre está presente en la exposición, pero cuando aparece, desarma la idea de obra como entidad fija.
La evaluación, entonces, no pasa por medir si la muestra cumple con su promesa curatorial. Esa promesa se cumple, en términos generales. El problema es otro. Qué tipo de experiencia produce hoy un conjunto de obras que ya forman parte del relato consolidado del arte contemporáneo. Qué ocurre cuando ese relato se traslada a un contexto que lo recibe con expectativa pero también con cierta distancia. Qué se activa y qué se neutraliza en ese movimiento.
Penumbra funciona mejor cuando no intenta resolver esas preguntas. Cuando deja que las tensiones aparezcan. Cuando el espacio no se vuelve completamente dócil. Cuando las obras no encajan del todo en el concepto. Cuando la mediación no logra cerrar el sentido. En esos momentos la muestra deja de ser una lección y se convierte en algo más incierto.
No es poco. Porque lo que está en juego no es solo la experiencia estética, sino la posibilidad de seguir mirando sin la seguridad de que ya sabemos cómo hacerlo. En una escena donde gran parte del arte contemporáneo circula como repertorio conocido, esa incomodidad tiene valor. No como defecto, sino como síntoma.
Se podría salir de la muestra con la sensación de haber visto piezas fundamentales, de haber recorrido un tramo decisivo de la historia reciente del arte. Eso sería correcto, pero insuficiente. Lo más interesante es salir con la percepción ligeramente alterada. Con la impresión de que la luz no alcanza para ver del todo. Y de que tal vez nunca alcanzó.

publicado el 18 de abril de 2026
Organiza: Dia Art Foundation, New York / Beacon - Fundación Proa
Curaduría: Humberto Moro (Director de programación) - Ella den Elzen (Asistente curatorial)
Auspicia: Tenaris - Ternium
Agnes Martin - Andy Warhol - Felix Gonzalez-Torres - James Turrell - John Chamberlain - Richard Serra Robert Irwin - Tehching Hsieh - Walter De Maria
Estamos ante “Penumbra: Dia Art Foundation”, una exhibición histórica que reúne por primera vez en la Argentina a artistas fundamentales del arte contemporáneo, nunca antes exhibidos en el país. La muestra constituye un hito en la programación de Proa y un acontecimiento mayor para la escena artística local y regional. En 1998, Fundación Proa y Dia Art Foundation presentaron la primera gran exposición de Dan Flavin en Buenos Aires, y posteriormente los wall drawings de Sol LeWitt.
Aquellas experiencias inolvidables marcaron un momento decisivo: no solo permitieron difundir artistas extraordinarios e inéditos en la escena local, sino que también significaron, en los inicios de Proa, un reconocimiento institucional fundamental. El respaldo de Dia abrió nuevas posibilidades, proyectando a la Fundación en el ámbito internacional y estableciendo un modelo de trabajo que amplió sus horizontes. Hoy, casi treinta años después, y en vísperas del 30º aniversario de Proa, retomamos ese vínculo para volver a exhibir artistas clave en la historia del arte de la segunda mitad del siglo XX.
Con curaduría de Humberto Moro y la asistencia de Ella den Elzen, la exposición se organiza a partir de una idea central: la penumbra como experiencia. No se trata simplemente de una condición de luz, sino de un estado intermedio, un umbral donde la percepción se vuelve inestable y la obra deja de afirmarse como objeto para desplegarse en relación con el espacio, el tiempo y la presencia del espectador. En este sentido, las prácticas reunidas en la muestra comparten una transformación decisiva en la historia del arte: el pasaje desde la obra como forma autónoma hacia la obra como situación. La materia -ya sea el acero, la luz o la imagen- no se presenta como representación, sino como presencia. El espacio deja de ser un soporte neutral para convertirse en parte constitutiva de la obra, y el espectador en un agente activo cuya experiencia completa aquello que sucede.
Las obras reunidas en Proa permiten apreciar momentos de gran intensidad en la trayectoria de cada artista. En Andy Warhol, Shadows -sus grandes “penumbras”- despliega una secuencia pictórica de escala monumental, de carácter casi abstracto. Las investigaciones en acero de Richard Serra exploran el peso, la tensión y el equilibrio; mientras que en James Turrell la luz se vuelve sustancia. En la obra de Robert Irwin y en las cortinas de Felix Gonzalez-Torres, la luz y el paso del tiempo modifican la experiencia: nada es fijo, todo depende de la duración y del recorrido. En el caso de Gonzalez-Torres, las cortinas -atravesadas por la luz natural- invaden el espacio con una tonalidad cambiante que se transforma a lo largo del día, modificando el interior y haciendo visible el paso del tiempo. La obra no se impone: sucede. En las superficies casi imperceptibles de Agnes Martin, en cambio, la repetición y la delicadeza invitan a una forma de contemplación sostenida, cercana a la meditación.
Como señala Moro, estas obras confluyen en una misma pregunta: cómo miramos y cómo habitamos el espacio. En ese recorrido, la penumbra deja de ser una condición lumínica para convertirse en un campo de percepción: un territorio donde lo visible y lo oculto se tensionan, donde la mirada se ajusta y se vuelve consciente de sí misma, y donde cada experiencia ocurre en el presente, de manera única e irrepetible.
Fundación Proa expresa su especial reconocimiento a Tenaris – Ternium y a American Friends of Fundación Proa por su compromiso sostenido con el desarrollo cultural y por hacer posible la realización de esta exhibición. Asimismo, agradece profundamente a los equipos de Dia Art Foundation y de Fundación Proa, cuyo trabajo conjunto, riguroso y comprometido, ha sido fundamental para concretar este proyecto.
Artistas
Agnes Martin
Andy Warhol
Felix Gonzalez-Torres
James Turrell
John Chamberlain
Richard Serra
Robert Irwin
Tehching Hsieh
Walter De Maria
Penumbra: Dia Art Foundation
Penumbra: Dia Art Foundation, en Fundacion PROA
Una exhibición histórica que reúne por primera vez en la Argentina a artistas fundamentales del arte contemporáneo. La exposición, con curaduría de Humberto Moro y asistencia de Ella den Elzen, se organizó a partir de una idea central: la penumbra como experiencia. No se trata sólo de una condición de luz, sino de un estado intermedio, un umbral donde la percepción se vuelve inestable y la obra deja de afirmarse como objeto para desplegarse como en relación con espacio. Obras de Agnes Martin, Andy Warhol, Félix González-Torres, James Turrell, John Chamberlain, Richard Serra, Robert Irwin, Tehching Hsieh y Walter De María. Viernes, sábado y domingo, de 12 a 19, en Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929.
Penumbra, en Fundación PROA. Foto: gentileza.
La Fundación PROA inauguró Penumbra, una exhibición que reúne obras de artistas estadounidenses pioneros en el desarrollo del arte conceptual en su país provenientes de la Dia Art Foundation.
Penumbra, en Fundación PROA. Foto: gentileza.
La muestra busca que los visitantes reconecten con la percepción, con dejarse llevar más allá de los lineamientos de interpretación que las curadurías pueden ofrecer. El objetivo es que el espectador se acerque a la obra y experimente de maner subjetiva.
La Dia Art Foundation es una institución con distintas sedes en Nueva York enfocada en el arte de la segunda mitad del siglo XX y en impulsar proyectos de gran escala. A diferencia de otras instituciones posee una colección de obras site specific, especialmente comisionadas y apuesta por acompañar a lo largo del tiempo a los artistas apoyándolos en grandes proyectos.
En las salas de PROA se exhiben obras de Agnes Martin, Andy Warhol, Felix González-Torres, James Turrell, John Chamberlain, Richard Serra, Robert Irwin, Tehching Hsieh y Walter De María. Se seleccionaron trabajos de un determinado periodo histórico y que nunca habían sido exhibidos en la Argentina, con la excepción de Warhol que tuvo su muestra en Malba en 2009.
El curador mexicano Humberto Moro, director de programación de Dia, brindó algunas claves para que el público argentino haga una primera aproximación a los artistas. Clave también es su ayuda, ya que por una decisión curatorial se decidió que las salas no cuenten con textos que introducen a la obra con el objetivo de que las personas re-conecten con su percepción.
La generación de artistas estadounidenses presentados en PROA abrió el camino del minimalismo tras la ruptura con el expresionismo abstracto (en algunos casos, no habían roto del todo). Llegaban con la idea de la desmaterialización del arte, la democratización y abrían el debate a qué podía ser arte y que no.
“En ese momento se estaban usando materiales industriales, metal, luz y vocabularios que tenían que ver mucho más con la percepción que con la forma. Creo que es importante también entender las particularidades sociales, económicas e históricas del lugar donde vienen estos artistas y también entender que la exposición misma tiene contrapuntos”, comentó.
La luz es otro elemento clave para entender la exhibición en PROA. Los curadores se centraron en la idea de penumbra porque es la zona intermedia entre la iluminación y la oscuridad, una instancia que se nos da abierta a la imaginación, a la creación y que pone a trabajar nuestra percepción.
La exhibición abre con una serie de pinturas de Agnes Martin de la serie Amor Inocente, realizadas a fines de los 90 en el final de su vida.
Estas pinturas son veladuras de color, alejadas de la paleta y las técnicas que aplicó mayormente en su carrera. Hay una sutileza en la aplicación del color que obliga al espectador a acercarse para distinguir tonalidades.
A diferencia de la inmediatez que impregna cualquier actividad en la actualidad, esta serie de trabajos obliga a la atención basada en la fijación de la mirada.
Penumbra, en Fundación PROA. Foto: gentileza.
Mientras los Warhols ocupan uno de los laterales distribuidos en el centro están las esculturas realizadas con pedazos de metal de automóviles de Chamberlain, cuyo trabajo todavía tiene alguna reminiscencia del expresionismo abstracto. Los colores originales de las láminas funcionan como pinceladas que reflejan la luz; al encastrar las partes se mezclan las tonalidades con los reflejos, absorben energía y la expulsan desde los vértices.
A medio camino, entre la segunda y la tercera sala, no hay que perderse la obra "Catso Blue" de James Turrell, que forma parte de la serie Cross Corner Projections.
Mucho antes del furor de las obras inmersivas, el artista ya había pensado una obra que disuelve la distinción entre superficie y volumen. Hay que ingresar a un espacio cerrado, atravesado por una luz azul, y predisponerse a detenerse unos segundos para que la vista se acostumbre y el juego de luces haga aparecer la obra.
Las maquetas de Richard Serra, 45 bocetos de inmensas obras site specific, toman la tercera sala. Trabaja con el acero, lo dobla, lo inclina, lo apila y lo corta para explorar procesos físicos como el equilibrio de las piezas.
Al exhibir las maquetas, el artista invita a abordar la obra desde otra perspectiva, ver el interior desde la altura, imposible en el tamaño original.
Penumbra, en Fundación PROA. Foto: gentileza.A modo de cierre, PROA reunió en la cuarta sala las obras de Robert Irwin, uno de los principales miembros del movimiento Light and Space que emergió en el sur de California en la primavera de 1960.
Una de sus obras más representativas, compuestas por dos discos suspendidos sobre la pared, recibe a los visitantes apenas ingresan a la sala. Sus límites se disuelven por efecto de la luz, que cambia a medida que el espectador se desplaza.
Para el artista, el arte era una experiencia introspectiva, donde el espectador lleva a la exhibición su propia percepción convirtiendo cada aproximación en una experiencia individual.
Penumbra, en Fundación PROA. Foto: gentileza.
La exhibición concluye, por un lado, con el film Hard Core de Walter de María, figura clave del Land Art, un soporte atípico para el artista por lo que estas piezas se convirtieron en obras de culto. A la par, se proyecta el registro de una performance de 2016 de Tehching Hsieh, donde el artista expuso al sol 100 papeles fílmicos Kodak y los da vuelta uno por uno para que por efecto irreversible de la luz, el tiempo y el proceso, se revelen.
Como bonus, ya cuando el visitante encara para la salida, se va a encontrar con los ventanales de PROA que dan a Vuelta de Rocha cubiertos por una fina y traslúcida tela de cortina azul. Es la obra "Untitled (Loverboy)" de Feliz González-Torres; presentada por primera vez en 1991, esta obra se ha reconstruido en distintas ocasiones gracias a que el artista planteó indicaciones sencillas y habilitó a que se pueda presentar de manera simultánea en distintos espacios.
Penumbra, en Fundación PROA (Av. Don Pedro de Mendoza 1929), de miércoles a domingos de 12 a 19, hasta el 2 de agosto.


Con obras de la Dia Art Foundation, “Penumbra” reúne en Fundación Proa a una generación clave del arte contemporáneo que desafió los límites de la percepción. Curada por Humberto Moro, la muestra propone un recorrido por el minimalismo, la luz y los materiales industriales como formas de cuestionar qué es el arte, en una experiencia atravesada por la ambigüedad entre lo visible y lo oculto.
Estos artistas cambiaron el campo artístico desde 1960 hasta hoy y el título remite a la zona de sombra parcial que se sitúa entre la iluminación y la oscuridad.
Con obras pertenecientes a Dia Art Foundation se exhibe una selección de obras emblemáticas de su colección bajo el título “Penumbra”, curaduría del mexicano Humberto Moro, quien habló durante la conferencia de prensa desde Nueva York a través de una pantalla en la Fundación Proa de La Boca.
Conocimos esta institución y quedamos maravillada por el Museo de Arte Contemporáneo situado en Beacon, diseñado por Robert Irwin, integrante de esta selección en un inmenso predio perteneciente a Nabisco, una antigua fábrica de galletitas.
La exposición hace foco en una generación de artistas que rompieron con el Expresionismo abstracto, “cuestionando qué podía ser arte o qué no” . Usaban materiales industriales, metal, tubos de luz fluorescente. Entre estos artistas estaba el diseñador del Museo Robert Irwin (1928-2023) que junto a James Turrell y Dough Wheeler estuvieron en el movimiento Luz y Espacio, explorando cómo la luz podía transformar la experiencia de ver.
Estos artistas cambiaron el campo artístico desde 1960 hasta hoy y el título remite a la zona de sombra parcial que se sitúa entre la iluminación y la oscuridad: una condición liminal en la que la luz no está completamente presente ni completamente retirada. Designa, en varios idiomas, un espacio de incertidumbre perceptiva, de vacilación y suspensión donde la forma se distiende, los contornos se desdibujan y el sentido se resiste a cerrarse.
Se expondrán de miércoles a domingo y cierra el 2 de agosto.
Este concepto de “penumbra” ocupa las cuatro salas de Proa y el ventanal intervenido por el cubano-noteamericano Félix González Torres (1957-1996) de quien vimos y comentamos una importante exposición “Algún lugar /Ningún lugar” en el Malba. Estas cortinas azules obra de 1981 constituyen un diálogo, entre la opacidad y la visibilidad. La primera sala está dedicada a Agnes Martin (1912- 2004) pintora canadiense, conocida por sus abstracciones minimalistas cuyas obras evocan pausa, quietud, calma. Una obra ascética como la realidad en la que vivió en Nueva México, en una meseta aislada, carente de electricidad y agua potable. Dejó de pintar durante siete años a raíz del éxito de sus exposiciones.
Entre la selección de artistas están las maquetas de las obras monumentales de Richard Serra (1938-2024) realizadas en acero corten que aparecen oxidadas y diseñadas para sitios específicos fue caratulado como “poeta del acero”. Recordamos la obra laberíntica, de gran potencia visual “La serpiente” de la colección permanente del Guggenheim de Bilbao que pesa 170 toneladas.
Otro artista destacado es John Chamberlain (1927- 2011) conocido por sus piezas escultóricas de restos de automóviles, chapas de metal retorcido y por el uso del color como un componente natural de la escultura. También usó plexiglás, resina , papel de aluminio y se convirtió en un gran transformador de la escultura estadounidense.
La muestra cierra el 2 de agosto y será en Av. Pedro de Mendoza miércoles a domingos de 12 a 19hs. La entrada general $6.000 y los miércoles es gratis.
La segunda vez fue en la Argentina, en Salta en la Bodega Colomé donde hay un museo dedicado a su obra. En 2022 se creó en José Ignacio , Uruguay, otro museo en el que se combina luz natural y artificial donde se pueden ver amaneceres y atardeceres maravillosos que hacen olvidar nuestra vida actual dominada por algoritmos.
Walter De María (1935-2013), estadounidense , de origen italiano, escultor , ilustrador y compositor, vivió en Nueva York. Su obra está relacionada con el minimalismo , el arte conceptual y el Land Art. Utilizó acero inoxidable, aluminio, creador de instalaciones al aire libre o lugares urbanos poco convencionales, renuente a exponer en museos pero que mantuvo una larga relación con Dia Art Foundation.
Tehching Hsieh nacido en Taiwán en 1950, vive y trabaja en Nueva York. Marina Abramovic lo llamó “el maestro de la performance”. Entre ellas, se encerró en 1978 y 1979 en una jaula de madera, con un lavabo , luces y una cama. Se propuso no hablar , no leer, no escribir, no escuchar radio ni mirar TV y así sucesivamente en performances de un año de duración como la de 1985 y 1986 , año en el que no creó nada , no habló de arte, no leyó ningún libro de arte o entró a alguna galería o museo Era una prueba , el paso del tiempo, el aislamiento . Usar su cuerpo, su vida, su tiempo. Actualmente sus obras son estudiadas en universidades. Para este artista el arte no era una cosa bonita sino un compromiso radical con la vida. “El tiempo es la obra más valiosa que tenemos” y dejó de crear arte en 2002.
Cierra el 2 de agosto. Av. Pedro de Mendoza miércoles a domingos de 12 a 19hs. Entrada general $6000. Miércoles gratis.
Nueve artistas que redefinieron el arte contemporáneo llegan por primera vez a Buenos Aires. La clave no es comprenderlos: es dejarse atravesar.

Por Susana Parejas
Fotografías: Marcelo Cugliari
Hay una sala en la Fundación Proa donde la pared desaparece. No de golpe, no de manera dramática, sino despacio, mientras uno la mira. Donde había una esquina empieza a haber algo que parece sólido y no lo es, algo azul que tiene peso y no tiene materia. El ojo tarda. El cerebro resiste. Y en ese intervalo —en ese segundo o dos donde la percepción no sabe qué hacer con lo que está viendo— ocurre algo que es difícil de nombrar pero que se registra en el cuerpo antes que en el pensamiento.
Eso es James Turrell. Eso es, también, Penumbra: Dia Art Foundation, la muestra que ya inauguró en Fundación Proa y que estará abierta hasta el 2 de agosto fue curada por Humberto Moro con la asistencia de Ella den Elzen. Se presentan nueve artistas que redefinieron el arte de la segunda mitad del siglo XX. La mayoría de ellos nunca antes vistos en profundidad en la Argentina, presentados a través de obras de la colección de Dia Art Foundation. La institución neoyorquina fundada en 1974 construyó su historia encargando piezas, no comprándolas, y acompañando procesos que a veces llevaron décadas.

“No hay una didáctica específica, sino que de alguna manera el objetivo es que el espectador se acerque a la obra y experimente internamente y subjetivamente lo que significa la obra para cada uno de ustedes”, señaló Adriana Rosenberg, presidenta de la Fundación PROA, en la apertura de la muestra.
Así, el recorrido no tiene didáctica. Hay un pequeño epígrafe en cada sala y un QR para quien quiera más contexto. La decisión curatorial es clara y está tomada desde el principio: el texto no debe interponerse entre la obra y quien la mira. Lo que se propone no es comprender sino percibir. Pasar por el cuerpo antes de pasar por la cabeza, o al mismo tiempo, o en lugar de.

La Dia Art Foundation no es un museo en el sentido corriente. Fundada en Nueva York en 1974, el nombre viene del griego: dia, «a través de». Una fundación que funciona como mediadora entre la visión de un artista y su realización material, sin importar cuánto tiempo lleve ni cuán difícil resulte sostenerlo. «A diferencia de de otras instituciones, a pesar de que es un museo y tiene colecciones, son obras de sitio específico, no son nunca obras compradas o que están en remate o de colección, sino que son obras pedidas.Y especialmente realizadas por proyecto», destacó Adriana Rosenberg desde Fundación Proa.

Esa lógica explica por qué lo que llega a Proa no parece una selección curatorial convencional sino algo más parecido a un ecosistema. Cada obra en la muestra tiene una historia de producción larga, a veces de décadas. Las 45 maquetas de plomo de Richard Serra para sus Torqued Ellipses son estudios que acompañaron esculturas monumentales de acero que tardaron años en construirse. Catso Blue de Turrell, de 1967, es una de las primeras obras que la fundación incorporó de este artista y una de las piezas más tempranas de toda su carrera. Untitled (Loverboy) de Félix Gánzalez-Torres es técnicamente un conjunto de instrucciones: cortinas azul claro que cada institución reconstruye según parámetros que el artista dejó escritos antes de morir, en 1996, a los 38 años.
Agnes Martin y el arte de detenerseEn la primera sala en la planta baja de Fundación Proa, ocho pinturas de Agnes Martin de la serie Innocent Love, de 1999, cuelgan en silencio. Son casi blancas. Desde lejos parecen lienzos vacíos. Hay que acercarse, y quedarse, para que las tramas de grafito y acrílico empiecen a aparecer: líneas horizontales finísimas, modulaciones tonales que operan justo en el límite de lo visible, una variación de temperatura casi imperceptible entre un cuadro y el siguiente.

Martin vivió la mayor parte de su vida en el desierto de Nuevo México, en una casa de adobe que construyó ella misma. El paisaje árido y abierto era el marco de una práctica meditativa que no tenía que ver con representar sino con percibir. Sus pinturas, decía, no tratan de lo que se ve sino de lo que la mente conoce desde siempre.
Los títulos de esta serie —Contentment, Happiness, Innocent Love— no describen las obras: nombran estados de conciencia. Cada lienzo es una propuesta: entrar en ese estado o no. No hay instrucciones. “»Si leen los títulos, es una serie que trata sobre sentimientos o ideas abstractas. Y eso es lo que la separa claramente de otros artistas minimalistas», destacó Ella den Elzen, asistente del curador Humberto Moro, y quien guió la recorrida por las diferentes salas.
Penumbra: el espacio entre la luz y la oscuridadPenumbra es una palabra que funciona casi igual en más de una docena de idiomas. El curador Humberto Moro la eligió porque designa exactamente lo que esta muestra propone como territorio: «el umbral entre lo iluminado y lo oscuro, la zona donde la percepción vacila, donde la forma no termina de afirmarse ni de disolverse». No es una metáfora decorativa. Es el principio organizador de todo el recorrido. Así lo contó vía virtual, en la sala de conferencia de Fundación Proa.

En las ocho telas de la serie Shadows de Andy Warhol que ocupan en la Sala 2, la sombra es a la vez tema y superficie. Las pinturas fueron producidas en 1978 por encargo de Dia —son parte de un conjunto de 102 lienzos— y presentan formas que oscilan entre la abstracción y la representación sin resolverse en ninguna. Nadie sabe con certeza de qué objeto son sombras. Warhol nunca lo aclaró y probablemente le importaba poco: lo que le interesaba era que las pinturas se instalaran en cualquier orden, que no hubiera una lectura correcta, que el espectador quedara dentro de un campo de fluctuación visual antes que frente a una imagen estable.
En la misma sala, las esculturas de John Chamberlain —algunas de acero cromado, otras de resina sintética recubierta de minerales— absorben y dispersan la luz de maneras distintas. El cromo refleja, la resina refracta. Las piezas de acero vienen de autos comprimidos; las de resina, de un material que reacciona y encuentra su forma en el proceso. Chamberlain nunca sabía exactamente cómo iba a quedar el resultado. Eso también era parte del método.
Turrell e Irwin: ver como acto físicoRobert Irwin pasó décadas reduciendo su práctica hasta llegar a lo que él mismo llamaba «cero»: el momento en que la percepción misma, sin ningún objeto que la ancle, se vuelve el único tema posible del arte. Sus obras en Proa —un disco de aluminio de los años sesenta y dos trabajos con tubos fluorescentes más recientes— no son piezas que se miran desde afuera. Son campos que se activan cuando alguien entra en ellos. El disco cambia de forma según desde dónde se lo vea. Las instalaciones de luz se construyen en el umbral entre presencia y ausencia, activando la visión periférica, haciendo que el ojo trabaje de manera diferente a como trabaja habitualmente.
Con Turrell el mecanismo es más dramático pero el principio es el mismo: la obra no existe sin el cuerpo del espectador. Catso Blue proyecta un volumen ilusorio de luz azul intensa en una esquina de la sala. Parece sólido. Si uno se mueve, la ilusión no colapsa, sino que se reconfigura. El artista describió esa experiencia con precisión: primero se ve de una manera, luego se revela como algo diferente, luego se vuelve a ver de la manera inicial. El proceso no le quita magia. Se la multiplica. Y hubo muchas negociaciones para que esta obra fuera parte de la exposición. “Es muy difícil que el estudio de Turrell acepte presentaciones temporales», señaló Moro. Sin duda las garantías de exhibición en condiciones óptimas convencieron al estudio y hoy se puede disfrutar de ella.
Tiempo como materialTehching Hsieh se fotografió a sí mismo cada hora durante un año. Vivió encerrado en una jaula durante otro año. En Exposure, la obra que se presenta en Proa, expuso papel fotográfico al sol hasta que se oscureció. Su práctica no evita el aburrimiento ni la incomodidad: los usa como materiales, del mismo modo en que Serra usa el acero o Turrell usa la luz. Lo que le interesa es hacer visible la relación entre tiempo, existencia y disciplina a través de acciones que parecen banales y resultan insoportablemente precisas.

Walter De Maria filmó el desierto de Nevada al estilo de un western de vanguardia. Hard Core, de 1969, tiene tomas largas, panorámicas lentas, el silencio del territorio interrumpido por una banda sonora que antecede a las imágenes. De Maria comparaba el cine con la pintura de paisaje: la cámara como herramienta para capturar un fenómeno vivo, una experiencia óptica que no puede reducirse a una narrativa.
Y al final del recorrido, las cortinas azul claro de Félix Gónzalez-Torres filtran la luz que entra por las ventanas de Fundación Proa y tiñen de azul el paisaje del Riachuelo. La obra no impone nada. Solo atenúa, transforma, vuelve incierto lo que un momento antes era evidente. El curador eligió esta pieza para cerrar la muestra porque en ella el concepto se vuelve tangible de la manera más sencilla posible: la penumbra deja de ser una condición lumínica para convertirse en experiencia.


We are presented with Penumbra: Dia art foundation, a historic exhibition that brings together, for the first time in Argentina, fundamental artists of contemporary art who have never before been exhibited in the country. The exhibition constitutes a milestone in Proa’s program and a major event for the local and regional art scene. In 1998, Fundación Proa and Dia Art Foundation presented the first major exhibition of Dan Flavin in Buenos Aires, followed by the wall drawings of Sol LeWitt.
Those unforgettable experiences marked a decisive moment: they not only introduced extraordinary artists previously unseen in the local scene, but also represented a fundamental institutional recognition in Proa’s early years. The support of Dia opened new possibilities, projecting the Foundation into the international sphere and establishing a working model that expanded its horizons. Today, almost thirty years later, and on the eve of Proa’s 30th anniversary, we revisit that relationship to once again present key artists in the history of art from the second half of the twentieth century.
Curated by Humberto Moro, with curatorial assistance by Ella den Elzen, the exhibition is organized around a central idea: penumbra as experience. It is not simply a condition of light, but an intermediate state, a threshold where perception becomes unstable and the work ceases to assert itself as an object, instead unfolding in relation to space, time, and the presence of the viewer. In this sense, the practices brought together in the exhibition share a decisive transformation in the history of art: the shift from the artwork as an autonomous form to the artwork as a situation. Matter—whether steel, light, or image—is presented not as representation but as presence. Space ceases to be a neutral support and becomes a constitutive part of the work, and the viewer becomes an active agent whose experience completes what takes place.
The works brought together at Proa allow for an appreciation of moments of great intensity in each artist’s trajectory. In Andy Warhol, Shadows—his large “penumbras”—unfolds as a monumental, almost abstract pictorial sequence. Richard Serra’s investigations in steel explore weight, tension, and balance, while in James Turrell light becomes substance. In the work of Robert Irwin and in the curtains of Felix Gonzalez-Torres, light and the passage of time alter the experience: nothing is fixed; everything depends on duration and movement through space. In the case of Gonzalez-Torres, the curtains—traversed by natural light—fill the space with a shifting tonality that changes throughout the day, transforming the interior and making the passage of time visible. The work does not impose itself: it happens. By contrast, in the almost imperceptible surfaces of Agnes Martin, repetition and delicacy invite a sustained form of contemplation, akin to meditation.
As Moro notes, these works converge on a shared question: how we look and how we inhabit space. In this journey, penumbra ceases to be a condition of light and becomes a field of perception: a territory where the visible and the hidden are held in tension, where the gaze adjusts and becomes aware of itself, and where each experience occurs in the present, in a unique and unrepeatable way.
Fundación Proa expresses its special recognition to Tenaris – Ternium and to American Friends of Fundación Proa for their sustained commitment to cultural development and for making this exhibition possible. It also extends its deep gratitude to the teams of Dia Art Foundation and Fundación Proa, whose joint, rigorous, and committed work has been essential in bringing this project to fruition.

La nueva exposición Penumbra: Dia Art Foundation, inaugurada en los espacios de la Fundación Proa, será visitable hasta el 2 de agosto y se configura como evento destacado de la temporada artística porteña. La muestra presenta un conjunto de obras provenientes de la colección de la Dia Art Foundation de Nueva York, institución que ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de las prácticas minimalistas y postminimalistas en Estados Unidos, y que ya había colaborado con Fundación Proa en 1998 en una exposición dedicada a Dan Flavin. Curada por el mexicano Humberto Moro junto con la curadora Ella den Elzen, Penumbra pone en relación obras de la colección de Dia a través del hilo conductor explicitado en el título. Se exhiben trabajos de Agnes Martin, Andy Warhol, Felix Gonzalez-Torres, James Turrell, John Chamberlain, Richard Serra, Robert Irwin, Tehching Hsieh y Walter De Maria.
No es sencillo poner en relación nombres tan consolidados en el imaginario colectivo, pero el resultado es sorprendente. El artista más difícil de insertar en el contexto de Penumbra podría parecer Andy Warhol, si nos limitamos a tomar en consideración su producción más célebre. Sin embargo, la serie “Shadows”(1978-79), elegida para esta exposición, se revela como el verdadero hilo conductor que articula el resto de las obras: un estudio sobre los efectos de la luz y la sombra en su estudio de Nueva York, amplificado por su icónica serialidad. El concepto de penumbra acompaña al visitante a lo largo de todo el recorrido, ofreciendo claves de lectura sugerentes. Según los curadores, «la penumbra no es una simple reducción de la luz, sino una condición activa de la percepción, en la que aquello que vemos está en constante transformación». Esta afirmación remite directamente a las prácticas de artistas como James Turrell y Robert Irwin, para quienes la luz no es un medio, sino un material. Frente a Warhol, pueden apreciarse las obras de John Chamberlain (“Gallup” 1970 y “Flufft” 1977) en una disposición que sugiere una relación de proximidad. Los curadores evocan así la estrecha colaboración entre ambos artistas en la Factory, así como los proyectos de Warhol “Car Crash”y “Disaster Series”.

Turrell del cual se presenta aquí “Catso Blue”, recuerda la clave de lectura: “a medida que miras una pieza o una experiencia, puedes percibirla. A medida que te mueves en ella puedes reconfigurarla y el hecho que puedes volver a entrar y percibir nuevamente en su estado original y, aun así, ese proceso no le quita su magia». Es muy importante para mí que la veas de una manera al principio, y luego se revele como algo diferente. Después vuelves y la ves otra vez de la manera inicial.Irwin del cual se presenta “Pacific Jazz” construye entornos en los que «la percepción se convierte en el verdadero contenido de la obra», disolviendo los límites entre arquitectura e instalación.

Junto a la dimensión inmaterial de la luz, Penumbra propone una reflexión igualmente radical sobre la materia. Las obras de Richard Serra, como las maquetas realizadas en plomo y vinculadas a sus celebres “Torqued Ellipses”, introducen una tensión física que involucra el espectador. Sus estructuras no solo ocupan el espacio, sino que lo redefinen a través del peso, la curvatura y la inestabilidad. En este contexto, la exposición activa un diálogo implícito entre dos polos: por un lado, la desmaterialización perceptiva (Turrell, Irwin); por otro, la densidad corpórea (Serra). Esta oposición no se resuelve, sino que se mantiene en un equilibrio inestable, coherente con la idea de penumbra como zona de indeterminación.De Felix Gonzalez-Torres, Proa presenta temporalmente la instalación site-specific “untitled (loverboy)” que evoca de manera inmediata el concepto de penumbra: una larga cortina celeste instalada en el piso superior que, como toda su producción, restituye ideas y percepciones profundas con extrema sencillez. Como afirma el texto curatorial: «el espectador ya no es externo a la obra, sino que se encuentra implicado en un campo perceptivo que lo atraviesa».

La importancia de la muestra reside también en su dimensión institucional. La colaboración entre la Dia Art Foundation y la Fundación Proa implica el traslado de un paradigma artístico, el minimalismo y el postminimalismo estadounidense, al contexto latinoamericano. Este desplazamiento plantea interrogantes críticos: ¿de qué manera estas obras, nacidas en un contexto específico, se transforman al exhibirse en Buenos Aires? ¿Y qué papel desempeña el público local en la redefinición de su significado? Penumbra se presenta así como una exposición densamente estratificada, capaz de operar simultáneamente en múltiples niveles: estético, perceptivo, teórico e institucional. En esta suspensión entre luz y oscuridad, entre presencia y ausencia, el arte recupera una función crítica que no se limita a representar el mundo, sino que se propone volver a hacerlo perceptible.
“Penumbra: Dia Art Foundation”
Apertura: sábado 28 de marzo de 2026 – 2 de agosto de 2026
Organizado por: Dia Art Foundation, Nueva York / Beacon – Fundación Proa
Curaduría: Humberto Moro (Subdirector de Programas) – Ella den Elzen (Asistente de Curaduría)
ARTE
Penumbra Por primera vez en la Argentina se exhiben obras de la Dia Art Foundation, institución clave del arte contemporáneo. Reúne a artistas como Agnes Martin, Andy Warhol, Felix Gonzalez-Torres, James Turrell, Tehching Hsieh (foto) y Walter De Maria, entre otros. El conjunto permite trazar un panorama de las prácticas que redefinieron el arte como experiencia: materia, escala, percepción, luz y tiempo se convierten en elementos esenciales de la muestra. Curaduría: Humberto Moro y Ella den Elzen.
De miércoles a domingo de 12 a 19, en Fundación Proa, Av. Don Pedro de Mendoza 1929. Entrada: $6000.

Hay un momento, entre la luz plena y la oscuridad total, en el que la percepción se vuelve incierta. Ese territorio intermedio —inestable, sutil, casi imperceptible— es el punto de partida de “Penumbra: Dia Art Foundation”, la exposición que inaugura hoy, 28 de marzo, en Fundación Proa y que podrá visitarse hasta el 2 de agosto de 2026.
La muestra no solo marca un nuevo capítulo en la historia de la institución: también constituye un acontecimiento excepcional para la escena artística argentina. Por primera vez, un conjunto de artistas fundamentales del arte contemporáneo llega al país en una misma exhibición, entre ellos Agnes Martin, Andy Warhol, Felix Gonzalez-Torres, James Turrell y Richard Serra.
Pero “Penumbra” no se presenta como una simple reunión de nombres consagrados. Curada por Humberto Moro junto a Ella den Elzen, la exposición propone una experiencia: un recorrido donde las obras dejan de ser objetos para convertirse en situaciones que suceden en relación con quien las observa.
Al ingresar, el visitante no encuentra certezas, sino variaciones. En las monumentales “Shadows” de Warhol, la pintura parece expandirse hasta rozar la abstracción. En las estructuras de acero de Serra, el peso y el equilibrio se perciben casi físicamente. Con Turrell, la luz deja de iluminar para volverse materia; ya no revela, sino que envuelve.
En ese tránsito, el tiempo también juega su papel. Las obras de Robert Irwin y Gonzalez-Torres cambian según el recorrido, la duración de la mirada o la luz del día. En particular, las cortinas de este último, atravesadas por la luz natural, transforman el espacio de manera constante: lo que se ve nunca es exactamente lo mismo. La obra, más que imponerse, ocurre.
En contraste, las superficies delicadas de Martin invitan a detenerse. Allí, la repetición y la sutileza generan una experiencia introspectiva, cercana a la meditación, donde mirar se convierte en un acto sostenido.
La exposición retoma, además, un vínculo histórico. En 1998, Proa y Dia Art Foundation ya habían trabajado juntas para traer a Buenos Aires obras de Dan Flavin y Sol LeWitt, en un momento clave para la consolidación institucional de la fundación. Casi tres décadas después, y en la antesala de su 30º aniversario, ese diálogo se reactiva con una propuesta que vuelve a expandir sus horizontes.
“Penumbra” plantea, en definitiva, una pregunta que atraviesa todo el recorrido: cómo vemos y cómo habitamos el espacio. En esa búsqueda, la penumbra deja de ser una condición de luz para convertirse en un campo de experiencia, donde lo visible y lo oculto se tensan y donde cada visitante, con su presencia, completa la obra.
La exhibición cuenta con el auspicio de Tenaris y Ternium, y con el apoyo de American Friends of Fundación Proa, reafirmando el valor de la colaboración para hacer posible uno de los proyectos más ambiciosos del año cultural.
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NUEVA YORK.- “Ahora estoy fan de Mariana Enriquez, no puedo más. Sólo estoy leyendo sus libros. Hay algo de la sofisticación, el humor y la ironía en la Argentina que me parece genial”, dice a LA NACION Humberto Moro en su oficina de Chelsea, donde trabaja como director de programación de Dia Art Foundation. Se define como “argentófilo” el curador mexicano que tuvo a su cargo junto con Ella den Elzen la muestra actual de David Lamelas en Nueva York y Penumbra, la que abrirá mañana en Fundación Proa.
Si bien no pudo viajar esta vez a Buenos Aires por motivos personales, el exsubdirector del Museo Tamayo de México tiene muchos amigos porteños y anticipó desde Manhattan cómo son las piezas de la colección de Dia, una institución decisiva en la historia del arte desde la segunda mitad del siglo XX, se podrán ver en La Boca. Realizadas entre 1962 a 2018 por Andy Warhol, Felix Gonzalez-Torres, James Turrell, John Chamberlain, Richard Serra, Robert Irwin, Agnes Martin, Tehching Hsieh y Walter De Maria, expandieron los límites de la escultura, la pintura, la instalación, la performance y el arte conceptual.

-¿En qué va a consistir esa muestra? ¿Cuál es la relevancia?
-Proa tiene una historia con Día. En 1998 presentaron una muestra de Dan Flavin, en colaboración con Dia y Michael Govan que era el entonces director de Día. Y además publicaron el primer libro en español de Flavin. Adriana Rosenberg, que es la fundadora y presidenta de Proa, ha estado muy preocupada por traer a la Argentina a esta generación de artistas. Ella ha hecho exposiciones con Sol LeWitt, Bruce Nauman y Fred Sandback. Entonces, toda esta generación y este marco histórico y teórico con el que Dia trabaja, es un campo de estudio que Proa ya estudia por sí mismo. En conversación con Adriana, planteamos la posibilidad de hacer una colaboración más y empezamos a analizar cuáles eran las obras que eran importantes para contar cierta historia sobre la fundación. Yo le hice una propuesta que tiene que ver con cómo la luz es un fenómeno que afecta a los objetos y que se ve afectada por ellos. Entonces usé esta idea de la penumbra que es el área de sombra que un objeto proyecta. Por ejemplo, cuando tú ves un eclipse lunar y ves la luna roja, lo que tú estás viendo es la sombra de la tierra en la luna.

-Obviamente leíste El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki...
-Exactamente. Entonces, la muestra se centra en la idea de lo que pasa cuando la luz es prevenida a llegar a un lugar y cómo se comporta eso en nuestra colección. Tenemos obras de Agnes Martin, cuya idea sobre la permanencia de la luz en la memoria es muy importante. El color en la memoria. No qué pasa cuando ves una obra sino cuando no la ves, cuando te vas. El recuerdo que queda. Tenemos las Sombras de Andy Warhol, que es una obra icónica que Dia comisionó y que ha sido parte icónica de su historia. Es la forma difusa en que Warhol estudia y hace 102 cuadros en repetición con distintos colores, pero con el mismo patrón visual que es la sombra de un objeto, pero ese objeto no se sabe qué es. Y luego tenemos la obra de John Chamberlain, que también hace todo este juego de luces y de sombras a partir de materiales industriales de autos, de metal. Hay dos esculturas preciosas suyas de resina, iridiscentes, que juegan con la forma en la que la luz se refleja. Son hermosas. Y una obra de Turrell, Catso Blue, que es un cubo azul proyectado en una esquina. Es una proyección vibrante en un cuarto totalmente oscuro. También las maquetas de los Torqued Ellipses, las formaciones gigantes de metal que hizo Richard Serra. Estas esculturas monumentales muestran cómo la luz se comporta en el metal, y cómo los espacios se agrandan y se achican a partir del movimiento de la luz. Hay obras de Robert Irwin: un disco que tiene cuatro luces y hacen unas sombras equidistantes que modifican la forma del círculo, y otras de tubos fluorescentes. Unos están apagados y otros encendidos. También un video de Walter de María, que es un cameo por el desierto y lo único que puedes ver al final es la sombra del vaquero. Y otro de Tehching Hsieh, un artista taiwanés con el que hice su retrospectiva en Beacon, que juega con la oscuridad y luz a través del proceso revelado en el papel fotográfico. Todas lidian con esta idea de un proceso de negociación entre la zona de luz y la de oscuridad. Me pareció muy lindo para presentar highlights de la colección de Dia.

-¿Dónde suelen estar esas obras?
-Están en Beacon, una de las sedes de Dia Art Foundation.
-¿Y nunca se hizo una muestra con este enfoque?
-Yo determiné el tema y la aproximación hacia la colección. Llevo cuatro años en Dia y bajo la dirección de Jessica Morgan, la directora de la fundación, ha habido un gran interés en sacar nuestra colección a otras latitudes y a otras geografías porque es increíble y queremos que que otro público pueda disfrutarla más allá de la gente de Nueva York. Entonces hemos hecho una exposición de Dan Flavin en Colombia, en México y en el sur de los Estados Unidos. Jessica hizo una exhibición en Bombay, en la India.

-¿Y por qué ahora en Proa?
-Porque hay una relación con ellos, hay una historia institucional y están interesados en seguir desmenuzando para el público argentino lo que pasó con esta generación de artistas, que es muy interesante. Además ver yo soy argentófilo, he trabajado un montón con Liliana Porter. También me gusta el cine y ahora estoy fan de Mariana Enriquez, no puedo más, solo estoy leyendo sus libros. Hay algo de la sofisticación argentina y del humor y de la ironía argentina que me parece genial. Está toda esa herencia diaspórica. Spinetta, los Illya Kuryaki, Juana Molina que me encanta… Siempre he sido fan de la cultura argentina.

-¿Fuiste a la Argentina?
-Claro, y además he seguido a mucha gente por muchos lugares. Mi próxima misión es conocer a Mariana Enríquez.
-Obviamente conoces también a Inés Katzenstein, curadora de arte latinoamericano del MoMA.
-Totalmente. Inés ha sido una presencia constante en la exposición de Lamelas, he dialogado mucho con ella.

-¿Por qué una muestra de Lamelas en Dia?
-David es una figura relativamente desconocida en Estados Unidos, y sin embargo es fundamental para entender la historia del arte conceptual y del arte minimalista. No sólo en Latinoamérica, sino en el mundo. Él se encuentra en un punto que tira más hacia el underground que hacia el mainstream. Dia es una institución que tiene cierta visibilidad y que de cierta forma se ha dedicado a legitimar artistas que tienen que ver con el minimalismo, con el arte conceptual, con el land art, con el pop art. Aquí hay un intercambio entre el artista y la institución: el artista viene y vierte su obra en la institución, pero la institución también está virtiendo todo lo que tiene las características inherentes a la institución, que es este templo del minimalismo norteamericano, del arte conceptual de esta generación. De artistas que en los 60 y de los 70 estaban trabajando con preocupaciones conceptuales, industriales, minimalistas, etcétera. Entonces ahí creo que hay como una polinización cruzada que lo incluye en un canon que la institución ha ayudado a crear por mucho tiempo.

-Ariel Aisiks, fundador de Islaa, lo considera “el Duchamp de América Latina”. ¿Vos estás de acuerdo con esa definición?
-Creo que hay pocas figuras que se pueden comparar. Pero creo que quizá se refiere a la forma en la que Duchamp irrumpió en una tradición , y la rompió y la cambió por completo. Creo que David sí hizo eso en muchos ambientes. Lo que pasa es que lo de David permeó en comunidades muy distintas. Por ejemplo, si piensas en Los Ángeles y en la comunidad que hacía películas, arte a través de películas. Precedió a toda la generación de la llamada Pictures Generation. Si piensas, por ejemplo, en Cindy Sherman, en Robert Longo, en Robert Mangold… Para todos estos artistas David realmente fue un precursor, porque empezó a jugar con esta idea de la identidad, con la idea de los personajes en cámara. En ese sentido, sí irrumpió de manera definitiva en eso. Y también irrumpió, por ejemplo, en el arte conceptual. Si piensas en Publication, de 1970, como esta idea de las instrucciones y de las relaciones entre artistas y entre colegas y de la teoría de los networks. Eso era bastante nuevo.

-¿Fue un pionero del arte conceptual a nivel global?
-Totalmente. Y no solo del arte conceptual, sino de la crítica institucional. Benjamin Buchloh se ha referido a las instalaciones de David como “proto-crítica institucional”. Hay mucha idea de qué pasa en el espacio exhibición, de cuáles son las políticas del espectador.

-Lo que hizo en el Instituto Di Tella fue muy innovador.
-Increíble. A la Argentina, David le voló los sesos en los sesenta. Y era muy joven. Todo lo que hizo en el Di Tella, en San Pablo, en Venecia. Él estaba muy adelantado a su tiempo. Y a su vez, dialogando con una generación que tenía las mismas preocupaciones, que estaba estudiando la tecnología, los ciclos de información. Pero quizá David lo hacía con un rigor que estaba más cercano a los círculos europeos o norteamericanos. Me gustó mucho lo que dijo sobre él el historiador y curador Pedro de Llano Neira: que hay muy pocos artistas en el mundo, como David, que pueden articular la historia del arte contemporáneo a través de su obra.
Para agendar:Penumbra: Dia Art Foundation, con obras de la colección Dia Art Foundation de importantes artistas como Andy Warhol, Félix González-Torres, James Turrell y Richard Serra, entre otros. Desde mañana a las 17 hasta el 2 de agosto en Avenida Pedro de Mendoza 1929, de miércoles a domingos, de 12 a 19. Entrada general: $6000, miércoles gratis.
Por Celina Chatruc
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LA NACION
Celina Chatruc

"Catso Blue" (1967-1987-2026), de James Turrell. Ph: Pilar Camacho
“Entren en grupos pequeños, no más de tres personas. Y quédense unos minutos hasta que se acostumbre la vista: ahí es cuando aparece la obra”, recomienda Adriana Rosenberg, presidenta de Fundación Proa. De esa manera invita a los periodistas presentes a descubrir una instalación lumínica de James Turrell, uno de los nueve artistas clave del arte contemporáneo de la segunda mitad del siglo XX reunidos en la muestra Penumbra: Dia Art Foundation, que ella considera “histórica” para esta institución que está por cumplir tres décadas.
El estadounidense con museo propio en Bodega Colomé, en Salta, integra el trío más conocido en la Argentina de esta exposición colectiva junto con Andy Warhol y Felix González-Torres, quienes protagonizaron otras individuales en Malba. Además de obras suyas, desde mañana a las 17 hasta principios de agosto se exhibirán en La Boca las de otras seis importantes figuras que debutarán ante el público porteño: Richard Serra, John Chamberlain, Robert Irwin, Walter De Maria, Tehching Hsieh y Agnes Martin.

“Desde la transparencia de la cortina de González-Torres hasta los colores cambiantes de Martin, los brillos de las luces en Chamberlain, la forma en la que se comporta el color en Warhol o las sombras se proyectan en las maquetas de Serra, hay una materialidad tan presente a través de texturas, de luces, de juegos de colores, que no hay que tener un conocimiento preestablecido para poder establecer una relación muy clara y muy potente con estas obras”, observó por videollamada desde Nueva York Humberto Moro, cocurador junto con Ella den Elzen y la actual de David Lamelas en Dia Chelsea.

Esta generación de artistas minimalistas y conceptuales, agregó, en la década de 1960 estaba “rompiendo con el expresionismo abstracto, con ideas de representación y también con la idea de la desmaterialización del arte, de la democratización del arte, de qué podía ser arte y qué no. En ese momento se usaban materiales industriales, metal, luz y vocabularios que tenían que ver mucho más con la percepción que con la forma”.

De ahí lo apropiado del título Penumbra. Palabra que según él significa lo mismo en más de una docena idiomas y que alude a una “zona de negociación” entre la luz y la sombra. Un juego que se vuelve muy evidente en la pieza de Turrell, una adquisición reciente de Dia y la primera del artista en ese acervo, que requirió sus propios acuerdos. “Es muy difícil que el estudio de Turrell acepte presentaciones temporales. Tuvimos que garantizar las condiciones óptimas de exhibición”, explicó Moro.

Más sutil pero no menos efectiva es la contemplación del paisaje de La Boca que se propone a través de las cortinas azules y semi transparentes de González-Torres, artista de origen cubano fallecido hace tres décadas en Estados Unidos. “Fue un artista queer, cuya identidad se convirtió en una base muy importante de su trabajo –recordó el curador-. Esta pieza que se inserta en la fachada de Proa, que es una negociación entre la opacidad y la visibilidad, habla de una intención de entendimiento entre culturas y entre puntos específicos, geográficos, culturales, sociales, económicos, que se comunican de distintas formas, pero que buscan entender cuál es nuestro papel como espectadores y cómo percibimos estos procesos de negociación”.

El rol del espectador también resulta clave en las propuestas de Irwin, otro referente junto con Turrell del movimiento Light and Space que surgió en el sur de California a comienzos de los años 60. De esa época fundacional se presenta un disco con cuatro luces que provocan sombras equidistantes, y que modifican la forma del círculo. “Es una pieza muy ejemplar de su práctica –observó la curadora Den Elzen-, ya que él concebía el arte como una experiencia muy personal o interactiva, en la cual el espectador aporta su percepción a la obra”.

Este artista llegó a aplicar sus juegos con la luz y el espacio en la remodelación de una antigua fábrica de galletitas en Beacon, convertida en una de las principales sedes de Dia. Allí se exhiben por ejemplo más de ochenta de las 102 telas abstractas realizadas por Warhol en distintos colores e inspiradas en la sombra de un objeto. Aunque hasta Proa llegaron ocho, allí ocupan toda una sala y conforman una ambientación, a la manera de los Nenúfares de Monet.

Esas vivencias contemplativas, tan bien descriptas por Junichiro Tanizaki hace casi un siglo en El elogio de la sombra, parecen una búsqueda cada vez más frecuente en la escena global de las artes visuales. “Y todo a media luz / Crepúsculo interior”, diría Gardel.

“Absolutamente”, responde sin dudar a LA NACION Jessica Morgan, directora de Dia, cuando se le pregunta si la noción del “arte como experiencia” ganó terreno en los últimos años. “Creo que como pasamos la vida en el reino digital –opinó-, la gente está hambrienta de una experiencia basada en nuestra propia percepción sensorial y visual, en la habilidad de estar en el momento en lugar de tener todo a través de un filtro. Se siente atraída por la escala y por la idea de estar encapsulada en un entorno, ya sea arquitectónico o visual. En Dia sentimos que el interés en nuestro trabajo tiene que ver con esta experiencia sensorial y háptica del arte, donde estás dentro de la obra y sos parte del espacio. Estás sintiendo algo”.

Penumbra: Dia Art Foundation en Fundación Proa (Avenida Pedro de Mendoza 1929) con obras de importantes artistas como Andy Warhol, Félix González-Torres, James Turrell y Richard Serra, entre otros. Desde mañana a las 17 hasta el 2 de agosto de miércoles a domingos, de 12 a 19. Entrada general: $6000, miércoles gratis.
Por Celina Chatruc
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Humberto Moro. El curador presentará parte de la colección de Dia en Proa.
Dia Art Foundation acaba de celebrar en 2024 sus primeros 50 años. Imposible no tener en cuenta que nace en el momento en que los artistas de vanguardia, en especial los norteamericanos, tomaban distancia de la institución arte a través de proyectos a gran escala como el land art, cuya materia de expresión y ámbito de exhibición es la propia naturaleza. La colección de Dia, prestigiosa institución con sede en EE.UU., se caracteriza justamente por haber acogido una serie fundamental de esos proyectos. Cómo surgió y cómo se sostuvo una iniciativa de esa naturaleza, tan poco convencional. Sobre estos temas conversamos con Humberto Moro, el curador mexicano que desde hace 4 años es responsable de contenidos en Dia, incluida la muestra Penumbra que llega a Fundación Proa en marzo.
"Cuando en 1974 se reúnen una coleccionista tejana, un galerista alemán y una historiadora del arte, la idea fue facilitar a los artistas concretar sus proyectos más ambiciosos. Empezó un grupo de 11: les dieron una mensualidad, un archivista, un asistente y un estudio. Desde un principio, la misión de Dia estuvo al servicio de los artistas. Hoy cuenta con distintas sedes en Nueva York y otros estados y países: 12 con obras de sitio específico y otros tres donde mostramos exposiciones temporarias o itinerantes. Me refiero a Día Bridgehampton, Día Chelsea y Día Beacon. Beacon es nuestro espacio más conocido, allí se encuentra la mayor parte de la colección. Pero también tenemos obras icónicas como el Spiral Jetty de Robert Smithson y los monumentos de Nancy Holt, en Utah; el Lightning Field de Wartel De María en New Mexico, o su Vertical Kilometer en Kassel. En Chelsea, tenemos una parte del proyecto de los 7000 Oaks (Robles) de Joseph Beuys que fue comisionado por Dia para Documenta. Estamos hablando de una institución que es polimórfica y una colección que va a profundidad con los artistas y muchas de las obras que comisionamos son obras de gran formato, instalaciones de sitio que terminamos coleccionando".
Felix Gonzalez-Torres, “Untitled” (Loverboy), 1989. © Estate Felix Gonzalez-Torres. Photo: Bill Jacobson Studio, New York.
-Como Director de Programa, tiene a cargo diversas áreas. ¿Cómo se vincula su gestión con este proyecto en Buenos Aires?
-Vengo de ser director artístico del Museo Tamayo en Ciudad de México y desde que llegué hace 4 años, puse atención en llevar la colección hacia otras geografías. En esa política se enmarca Penumbra, la exhibición que se verá a fines de marzo en Proa. Conozco a Adriana Rosenberg desde hace años y esta es la segunda colaboración de con Dia. En 1998, el entonces director, Michael Goban, presentó en Proa a Dan Flavin. También consideramos el protagonismo de Proa en el medio del arte contemporáneo en Buenos Aires. Pero muy especialmente el trabajo que Adriana ha hecho con esta generación de artistas norteamericanos que son centrales en la colección de Dia, al mostrar la importancia del minimalismo, del Conceptualismo, del posminimalismo al público de Buenos Aires.
-Justamente, la obra de Dan Graham que está en la vereda de Proa fue realizada en 2019, durante una muestra dedicada al minimalismo, posminimalismo y conceptualismo norteamericano.
-Sobre esas líneas empezamos a desarrollar un proyecto que, desde una mirada crítica, pudiera representar no solo la historia de Dia y que por sí misma fuera interesante. Así arribamos a Penumbra, un título que, a partir de ciertas obras de la colección propone una relación con la idea de un cuerpo obstruyendo un halo de luz. La idea de cómo se comporta la luz y sus refracciones sirvió para hilvanar un tema favorito del minimalismo y del conceptualismo. En torno de este principio reunimos obras fundacionales de la historia de Dia, como las Shadows de Andy Warhol que es la obra más abstracta de Andy Warhol.
Andy Warhol, Shadows, 1978–79. Installation view, Dia:Beacon, Beacon, New York, 2019. © The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc. /Artists Rights Society (ARS), New York. Photo: Bill Jacobson Studio, New York, courtesy Dia Art Foundation, New York
-Y tal vez la más enigmática…
-¡Absolutamente! Encierra un gran misterio. Parte de la sombra de un objeto indefinido que había en su oficina y la repite; juega con ella, con distintos colores, negativos, positivos, y al final es siempre ese objeto que está mediando la acción de la luz. ¡Es uno de sus trabajos más obsesivos hizo: 100 pinturas!
Después, tenemos una pieza de Félix González Torres de 1989, una cortina que se instala en todas las ventanas del edificio. Él trabajó mucho la idea de lo público y lo privado. También estaba muy consciente de la importancia de las ediciones de sus obras y de cuántas podían coexistir en simultáneo. Si una obra tiene dos ediciones tienen que ser exhibidas al mismo tiempo. Una serie de reglas conceptuales para que se muestre una obra que es muy importante en el postminimalismo .
En la muestra Penumbra habrá también una serie de trabajos de Robert Irwin, que es un artista que también estudió la luz y cómo se comporta en el espacio. Robert Irwin fue además el artista que diseñó toda la planta arquitectónica de Dia Beacon en la renovación de la fábrica Nabisco. Así es que es una figura fundacional. Después tenemos a Agnes Martin. con la serie Innocent Love que es icónica en su carrera, y que tiene una reflexión sobre la percepción del color, de la reverberación y de lo que permanece en la pupila.
Walter De Maria, Hard Core, 1969. Dia Art Foundation; Gift of Virginia Dwan. © Estate of Walter De Maria
Tenemos dos esculturas de resina translúcida de John Chamberlain muy poco conocidas. También una obra muy temprana de James Turrell y las maquetas que Richard Serra hizo para generar esta serie inmersiva que se llamó las Torqued Ellipses, que son las que te tenemos en Beacon. Se presentaron por primera vez en 1997 en las galerías de Chelsea y después fueron a Beacon en 2003.
-La mayoría de los artistas incluidos son hombres blancos estadounidenses, ¿No han tenido cuestionamientos sobre el perfil de la colección en el sentido de una agenda contemporánea más diversa?
-La realidad es que Dia ha sido una colección de artistas hombres blancos norteamericanos. El mundo ha cambiado radicalmente en las últimas décadas. Uno de los mandatos más claros de la directora Jessica Morgan ha sido diversificar la colección pero teniendo en cuenta una línea de investigación que identifique cuáles son las lagunas que tenemos y eso estamos analizando.
Hace un par de años, la artista estadounidense Lucy Raven, que trabaja con la idea de paisaje, fue convocada para realizar la obra que reabrió nuestras galerías en Chelsea después de la remodelación. Esa pieza hoy es parte de la colección, igual que la obra de la artista colombiana con Delcy Morelos, con la que trabajamos hace un par de años. Y también entraron a la colección obras Liliana Porter. Uno de los artistas que estamos presentando en Penumbra es el legendario artista taiwanés Teching Hsieh. Acabo de curar su retrospectiva que abrió en Beacon el pasado octubre.
-Y próximamente inaugurarán una muestra de David Lamelas.
-¡Ah si, si! Vamos a hacer la exposición más grande de David Lamelas en Nueva York, que seguramente marcará su carrera y que lo dará a conocer a una nueva generación de jóvenes que quizás no saben quién es este gran artista argentino. Estamos muy contentos porque, bueno, yo soy argentófilo. Justo estoy planeando un simposio sobre el Instituto de Tella en los 60 con ISLAA, el Institute for Latin American Studies, que es nuestro partner. Con ellos hemos organizado una serie de exhibiciones: con Delcy Morelos y el colectivo mexicano Ecos From the Borderland y terminamos ahora con David Lamelas en un partnership de 3 años. Tenemos pendiente una conversación más nutrida acerca de las voces latinoamericanas que han sido fundamentales para la historia del arte conceptual contemporáneo y las resonancias que tiene con la historia de Dia.
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NUEVA YORK.- Las noticias sobre el minuto a minuto sobre la guerra en Medio Oriente llegan publicadas por los corresponsales en Instagram hasta las salas de la Dia Art Foundation, en Manhattan, donde una obra realizada hace casi seis décadas que pertenece a la colección del MoMA vuelve a demostrar su vigencia: la Oficina de información sobre la guerra de Vietnam, presentada por el argentino David Lamelas en la Bienal de Venecia de 1968, consistía en un escritorio donde el público podía acceder por radio y por télex a los informes de última hora sobre lo que ocurría entonces en el frente de batalla del sudeste asiático.
Van Gogh y el significado del amarilloEsas novedades eran leídas por una mujer, acción que se repetirá este sábado a las 14 y durante varias fechas a lo largo de casi un año mientras dure The Machine, la mayor exposición individual que Lamelas haya realizado en Nueva York. En esta ciudad vivió siete años en la década de 1990, cuando ya había dejado su huella como artista conceptual, minimalista y pop en Buenos Aires, Londres, París, Berlín, Bruselas y Los Ángeles. Tras haber dedicado más de una década a crear películas y videoarte, esa mudanza implicó un nuevo comienzo desde el dibujo y la pintura.

“Estoy muy emocionado con este reconocimiento en una de las ciudades que nunca dejé”, dijo a LA NACION este artista premiado en la Bienal de San Pablo (1967), que llegó a participar de la Documenta de Kassel (2017), al regresar a los 79 años a Nueva York para reencontrarse en Chelsea –a pocas cuadras del famoso hotel con el nombre del barrio que habitaron tantos artistas- con cuarenta esculturas, instalaciones, performances y películas realizadas desde 1965.

Muchas de ellas reflejan su interés constante en la información y la comunicación. Entre ellas su corto El dictador (1978), en el cual Lamelas encarna con ironía a un coronel latinoamericano entrevistado por una periodista (interpretada por Hildegarde Duane) que lo interroga sobre sus abusos de poder. Cualquier vínculo con la reciente detención de Nicolás Maduro en Venezuela es pura coincidencia, aunque una vez más demuestra su vigencia.

Se reconstruyeron también piezas clave como El súper elástico, instalación pop exhibida en Lirolay en 1965, que se contó entre las primeras que marcaron su pasaje de la pintura a las tres dimensiones. O Falling Wall, con la cual regresó a la escultura en 1993. Hay nuevas versiones de Situación de tiempo y Conexión de tres espacios, presentadas en el Instituto Di Tella a mediados de los años 60.

“Las obras van cambiando con el paso del tiempo, y la elección de cada curador es distinta. Aunque sean las mismas obras, al estar relacionadas de forma diferente toman un nuevo significado” opina Lamelas, que en la última década expuso en los museos de las universidades de California -muestra que luego fue a Malba-, Michigan, y en las galerías del Hunter College en Nueva York,.

Tanto esas muestras como la actual, curada por Humberto Moro y Ella den Elzen, fueron impulsadas por el Instituto para Estudios sobre Arte Latinoamericano (Islaa). Además de acompañar la exposición con un seminario sobre la vanguardia de los años 60, dicha institución donó dos obras de Lamelas a Dia y cedió otras en préstamo. Entre ellas, dos películas producidas por dicha institución y dirigidas por Lamelas, que actúa en una tercera dedicada a Rubén Santantonín cuyo estreno está previsto para este año.

“Lamelas es el Duchamp de América Latina, por el impacto que tuvo su trabajo como pionero del arte conceptual”, opina con entusiasmo Ariel Aisiks, fundador de Islaa. Más reticente a ese tipo de comparaciones, Moro reconoce sin embargo que “así como Duchamp irrumpió en una tradición y la cambió por completo, David hizo eso en muchos ambientes”.

Lamelas, en tanto, considera la definición como un “inmenso honor”, ya que reconoce su gran admiración por el artista franco americano que cambió la historia del arte con sus readymades. “Duchamp amplió la idea de lo que era el arte a todo nivel, y fue una gran influencia para mí cuando era adolescente –dijo a LA NACION-. Me impresionó mucho saber que hizo dos de sus obras más importantes mientras vivió en Buenos Aires, entre 1918 y 1919, y ver en una fotografía cómo había reinventado el espacio de una muestra con un hilo tensado entre los cuadros exhibidos de grandes artistas surrealistas. Desató en mí la libertad sobre el pensamiento académico que enseñaban en la Argentina”.

Esa influencia se refleja por ejemplo en una de las obras incluidas en la muestra: la frase “Buenos Aires no existe”, grabada por Lamelas sobre las chapas que se usan para señalizar calles, está tomada de una carta enviada por Duchamp desde la Argentina. También parece haber “ecos duchampianos” en una nota escrita a mano por el artista argentino en una pequeña hoja de un hotel en 2006, que inspiró el título de la exposición actual. Se refería allí a “La Máquina como proceso de invención”, equiparable al cerebro, y confesaba su fascinación por “los sistemas de desarrollo del pensamiento”.

“Me voló los sesos esta nota, porque la entendí como la piedra roseta para decodificar la obra de David”, confesó Moro, quien citó a su colega Pedro de Llano Neira al presentar a Lamelas en la inauguración para invitados especiales: “Él dice que hay muy pocos artistas en el mundo, como él, que pueden articular la historia del arte contemporáneo a través de su obra. En esta muestra vemos pop art, arte conceptual, arte minimalista, cine e instalaciones”.

Entre esos primeros visitantes se contaron amigos de Lamelas que llegaron desde distintas ciudad e Inés Katzenstein, curadora de arte latinoamericano del MoMA y directora del Instituto Cisneros para la Investigación del Arte de América Latina, quien lo conoce desde los años 90 y trabajó con él en dos muestras. “Esta exposición me resulta muy emocionante –dijo a LA NACION-, sobre todo porque hicieron reconstrucciones de muchísimas esculturas que vi una y otra vez en fotografías. Significa un reconocimiento inmenso para David en una institución que se especializó en coleccionar minimalismo y arte conceptual, exactamente lo que él hizo durante toda su vida”.

El público argentino podrá conocer muy pronto parte del acervo al que se refiere Katzenstein, gracias a otra muestra a cargo de los mismos curadores. El 28 de este mes se presentarán en Fundación Proa piezas destacadas de Dia, institución decisiva en la historia del arte desde la segunda mitad del siglo XX.
Por Celina ChatrucEn el barrio de La Boca, PROA, entre marzo y julio, mostrará un conjunto de obras clave de la colección de Dia Art Foundation como una selección de piezas históricas que han sido fundamentales para la identidad y el desarrollo de la institución.
Trabajos de Andy Warhol, Robert Irwin, Agnes Martin, John Chamberlain, Richard Serra, Walter De Maria, Félix González-Torres, Tehching Hsieh y James Turrell, entre otros, reunidas a partir de una mirada curatorial desarrollada por Humberto Moro, Deputy Director of Program, junto a Ella den Elzen, Curatorial Assistant, de Dia Art Foundation.