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Excusas espirituales *


por Malena Low

Cuando Mariano Ullua ve los barcos pesqueros desde el puerto de Mar del Plata, la ciudad en donde nació, y empieza a construir y dibujar la figura del barco con su pescador y su red para situarlo en un museo frente al mar, arranca y devuelve en una cinta continua una percepción emotiva del mundo, incluso si el mundo está puesto entre paréntesis, o si a esa percepción no le queda otra posibilidad que desenvolverse en una pelea desigual en el territorio de la atención. Las imágenes de Ullua son ideogramáticas, en el sentido malentendido, inventivo y poético que le dio Fenollosa cuando las llamó “cosas en movimiento, movimiento en las cosas”, y que los objetivistas argentinos de los noventa concretaron de forma despojada y sin asco, entreveradas con la realidad local, como una forma de hacer notar un cambio (del paisaje, sí, pero también el de la política y del fastidio estético). Los dibujos, puntos terminales de movimientos internos en los que los objetos llegan a ser, a producirse y a degradarse, se presentan queriendo pertenecer al espacio que ocupan lacónicos y voluntariamente insípidos, desaturados.

La insipidez no hace más que reabsorber las exclusiones de la forma fija, y así la línea que fue una vez fue una cosa puede ser una otra sin perder su ritmo. Este lenguaje, que brota de los dibujos en papel de pincel desgastado y sigue su paso por los trazos del hierro dulce, se esfuerza por llegar a la nitidez al mismo tiempo que se mantiene liviano, y nos deja encontrar las imágenes en el punto entre lo visible y lo no visible. Cuando los dibujos cobran cuerpo de escultura y se sostienen en el espacio, hay más ángulos desde los cuales el objeto todavía no es nada hasta que lo vemos surgir desenredándose de su propia abstracción. El efecto es sencillo y elemental, una precaria pero necesaria toma de posición en el discernimiento. No se trata solo de percibir una imagen directamente, sino también de retomar ese lenguaje cuya antifantasía no encuentra “ninguna emoción salvo en las cosas”, como se parafraseó en la poesía. Las obras se posicionan a favor de una comprensión renovada, un saber que licúa la desafección y el cinismo que nos separó del paisaje (el puerto, el cielo, las caras, el trabajo, la nación). Es que Ullua se hace cargo, en algún punto, de una estética que empieza con ese principio formal de la imagen movimiento fenollosiana y que llega a manifestarse como un problema del panorama neoliberal que la generación noventista vio cuajar en la forma de un devenir determinado: “no se sabe hacia dónde se va, pero todo muta; todo muta, pero el mundo no se transforma”.

El gusto por los objetos con agujeros como las tuercas y las llaves, en las que el ojo tiene que hacer su trabajo para distinguir la superficie plena de la hueca, tiene su fundamento formal en presentar lo obvio y lo oculto como necesariamente implicados. Las cosas no se presentan por sus cualidades sino por el filo justísimo en el que el vacío, el blanco, va acentuando lo que existe. Las llegamos a ver en ese momento entre que emergen y se vuelven a disolver en los cambios menos visibles de las transformaciones. Esta propensión a lo concreto se tensa con el polo opuesto que es la disipación, que también es una inclinación y no un resultado. Lo que amagan a hacer no es, por supuesto, una equivocada idea de diseminación de esas imágenes en la vida. Los marcos de esta muestra, o mejor dicho los dibujos de marcos, retienen la imagen para que el dibujo se haga cargo de su propia artisticidad y que lo que se active sea el discurrir de la mirada y la toma de posición hacia la denotación.

Las formas simples recuerdan su propia plenitud y perfección, como las estrellas o las imprentas mayúsculas. Pero la manera bruta y rebajada en la Mariano Ullua las trabaja socava la idea de que lo pleno coincida con lo completo. Más bien, la plenitud está para ser desarrollada, como sucede en los bocetos, en los que la obra que queda a medias por concluir nos lleva a pensar cuánto de su efecto todavía está por desenvolverse. De una manera muy poco obvia, estas obras nos piden más trabajo y más esfuerzo. La composición de un cielo que dice AYUDA! es una caricatura de su propia imagen, de su carga de perfección; una burla de que todo lo que le podríamos exigir no está ahí para que nos sea dado. Es más, diría que todos estos dibujos están triangulados por la caricatura, por los dibujitos animados, que llevan adentro suyo una tendencia hacia la perfección más esencial y la necesidad de ridiculizar esa misma tendencia. Algo que ingresa visiblemente degradado se mantiene animado y en expansión, a contramano de todo pensamiento y sensación coyunturales que suponen una retracción exasperante. El mapa de Latinoamérica en la sala nos recuerda que la reducción de la historia y del mundo no es un destino obligatorio, que los tiempos y los debates se reanudan distintos cada vez. Y si bien esta idea es en serio, el acento caricaturesco chupa cualquier lastre de taradez iconográfica como la que podría tener el mapa en una taza.

Si el movimiento general de la economía, las fronteras, el significado, la atención, los sentimientos, en fin, si todo tiende hacia la abstracción, no es raro reabrir los debates por la denotación, o dicho de otra forma, por la impresión de las consecuencias concretas de todos esos procesos cada vez más abstractos. Quizás no está de más decir que los últimos que hicieron esto programáticamente fueron artistas protokirchneristas, o directamente militantes, que tuvieron al Estado como interlocutor de sus búsquedas estéticas. Las obras de Excusas espirituales remiten a estas discusiones de una forma sutil, más allá de la simpleza que su estilo aparenta, enfocándose en una experiencia primaria y con sentido del humor, que es lo mismo que decir con una nota que resuena en la ligereza de la materia.

* El presente texto fue escrito por Malena Low para la muestra Excusas espirituales de Mariano Ullua, inaugurada el viernes 14 de agosto de 2026 en la galería Ohno. Las obras que integran la exposición fueron producidas en PROA21 en el marco del programa anual de residencias.